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Luzón contra Peramato, ma non troppo

Resumen

Desde que se aupó al poder a través de una moción de censura, con la promesa falaz de erradicar la corrupción y la intención evidente de entregarse a ella, Pedro Sánchez supo que necesitaba tener bajo su control a la institución encargada de perseguir el ... Por eso nombró fiscal general del Estado a Dolores Delgado, fichada directamente desde su Consejo de Ministros, después a Álvaro García Ortiz, todavía más sumiso, condenado por revelar secretos con el propósito de perjudicar a Isabel Díaz Ayuso, y finalmente a Teresa Peramato, que aplaudía a su predecesor cuando iba camino del banquillo y ahora ha demostrado acumular méritos sobrados para sucederle en la tarea de obedecer ciegamente al amo. Sánchez creó una «Fiscalía patriótica» al servicio de sus intereses particulares, acompañada de una Abogacía del Estado dedicada a defenderle a él y a sus allegados con cargo a nuestros bolsillos. Nada se ha interpuesto aún en su camino hacia la impunidad, y aquí estamos hoy, en manos de sus lacayos, sin otra esperanza que la ofrecida por hombres como Alejandro Luzón, quien se ha jugado la carrera en el juicio por el caso de las mascarillas al sortear la orden directa de su superiora jerárquica y reconocer en su alegato final que la colaboración de Víctor de Aldama merecería una reducción de pena mayor a la recogida en su propio escrito de conclusiones.El fiscal Anticorrupción ha demostrado valentía , sin llegar al heroísmo.

Desde que se aupó al poder a través de una moción de censura, con la promesa falaz de erradicar la corrupción y la intención evidente de entregarse a ella, Pedro Sánchez supo que necesitaba tener bajo su control a la institución encargada de perseguir el ... delito. Por eso nombró fiscal general del Estado a Dolores Delgado, fichada directamente desde su Consejo de Ministros, después a Álvaro García Ortiz, todavía más sumiso, condenado por revelar secretos con el propósito de perjudicar a Isabel Díaz Ayuso, y finalmente a Teresa Peramato, que aplaudía a su predecesor cuando iba camino del banquillo y ahora ha demostrado acumular méritos sobrados para sucederle en la tarea de obedecer ciegamente al amo. Sánchez creó una «Fiscalía patriótica» al servicio de sus intereses particulares, acompañada de una Abogacía del Estado dedicada a defenderle a él y a sus allegados con cargo a nuestros bolsillos. Nada se ha interpuesto aún en su camino hacia la impunidad, y aquí estamos hoy, en manos de sus lacayos, sin otra esperanza que la ofrecida por hombres como Alejandro Luzón, quien se ha jugado la carrera en el juicio por el caso de las mascarillas al sortear la orden directa de su superiora jerárquica y reconocer en su alegato final que la colaboración de Víctor de Aldama merecería una reducción de pena mayor a la recogida en su propio escrito de conclusiones.El fiscal Anticorrupción ha demostrado valentía , sin llegar al heroísmo. Para alcanzar esa condición habría debido negarse a acatar una instrucción manifiestamente injusta y plantarse ante Peramato, con la certeza de enterrar en ese mismo acto cualquier aspiración profesional. Ya se había encargado ella de mostrar los dientes unos días antes, al purgar a la fiscal Almudena Lastra por osar decir la verdad en el juicio de García Ortiz; claro aviso a navegantes de que la Fiscalía está para proteger al sanchismo de la Justicia y no a los españoles del crimen. Por eso pide el archivo de la causa abierta contra Begoña Gómez y de la que afecta a David Sánchez. Por eso hizo lo propio en su día con el rescate de Plus Ultra, entre otros asuntos turbios, y por eso ha tratado de impedir a toda costa que Luzón abogara por librar a Aldama de la cárcel, a sabiendas de que su ingreso en prisión le taparía la boca. Una vez descubiertos los desmanes de Ábalos y Koldo , el comisionista tiene información suficiente para liquidar a Cerdán, Armengol, Torres y quién sabe si también a su jefe, señalado como número 1 de la trama y exculpado explícitamente por el fiscal Anticorrupción, a pesar de que el entramado de «corrupción orgánica, organizada y continuada que está carcomiendo nuestro sistema democrático», magistralmente descrito en su alegato final, sea imposible de explicar sin la implicación de Sánchez.