← Volver
El Mundo ·

La selección ilumina la mejor España

Resumen

Una memorable selección española ha logrado canalizar las emociones de todo el país con un fútbol valiente y virtuoso, en una final del Mundial difícilmente repetible: dominó en todo momento a Argentina y anuló el juego de un astro como Lionel Messi en su despedida internacional. Con su capacidad de resistencia y un fútbol total, ofreció un formidable espectáculo en el icónico estadio MetLife, a escasos kilómetros de una Nueva York en la que estos días se habla más español que nunca. Nuestro país ha vivido una experiencia colectiva única: gracias a un grupo de jóvenes tan brillante como cercano, se han puesto de manifiesto los mejores valores de una España moderna, ilusionante y capaz de mirar con gran confianza al futuro. En contraste con un momento de gran polarización y zozobra política, cuando los jóvenes encuentran inmensas dificultades para acceder a una vivienda y poder planificar su vida, la selección ha actuado como un importante elemento de cohesión y de optimismo.

Una memorable selección española ha logrado canalizar las emociones de todo el país con un fútbol valiente y virtuoso, en una final del Mundial difícilmente repetible: dominó en todo momento a Argentina y anuló el juego de un astro como Lionel Messi en su despedida internacional. Con su capacidad de resistencia y un fútbol total, ofreció un formidable espectáculo en el icónico estadio MetLife, a escasos kilómetros de una Nueva York en la que estos días se habla más español que nunca. Nuestro país ha vivido una experiencia colectiva única: gracias a un grupo de jóvenes tan brillante como cercano, se han puesto de manifiesto los mejores valores de una España moderna, ilusionante y capaz de mirar con gran confianza al futuro. En contraste con un momento de gran polarización y zozobra política, cuando los jóvenes encuentran inmensas dificultades para acceder a una vivienda y poder planificar su vida, la selección ha actuado como un importante elemento de cohesión y de optimismo. Las celebraciones masivas de aficionados ataviados con banderas de España que han tenido lugar en el País Vasco y en Cataluña forman ya parte de la historia de nuestro país. Mucho ha cambiado, en el fútbol y en la sociedad, en los 16 años transcurridos desde que España ganó su primer Mundial. Sin embargo, la actual selección recuerda a la que levantó la Copa del Mundo en Sudáfrica. Pese a ser generaciones distintas, hay patrones y dinámicas de juego que vuelven a dotar a la selección de una identidad propia, como quedó claro en la trepidante final de ayer. La familiaridad de Luis de la Fuente con los jugadores desde sus etapas formativas le ha permitido tejer un hilo conductor entre los éxitos del pasado reciente y una nueva etapa prodigiosa a la cual, además, aún le queda mucho recorrido. España ha demostrado que sabe imponer su ritmo a los partidos, dominar el balón ante cualquier clase de rival y mantener el control de las emociones en situaciones de máxima tensión. Todo ello es sin duda fruto del trabajo, pero también de la afinidad y buen ambiente que sabe transmitir el grupo. Son jóvenes para quienes la tecnología es algo consustancial y que se conducen con naturalidad y sencillez. Pero, ante todo, son profesionales excelentes, de un nivel muy difícilmente alcanzable. Más allá de la trabajadísima e inapelable victoria de ayer, el éxito de la selección española es indudable: ha sabido reponerse a un inicio de Mundial adverso, mantener la confianza en sí misma, depurar su juego a medida que avanzaba el campeonato y conservar su estilo y personalidad frente a rivales de la máxima dificultad, incluida también la Francia de Kylian Mbappé. Más allá del ámbito deportivo, en el que no ha tenido rival, también ha ilusionado e iluminado a un país que hoy se ve reflejado en sus valores, su arrojo y su capacidad de competir al nivel más exigente. Los campeones del Mundo representan a una España joven, que se enfrenta con ilusión a los retos más arduos y que aspira sin ningún complejo a la excelencia internacional. En las últimas décadas, el fútbol español ha dado el salto a la élite de las selecciones, lo que también ha conllevado en algunas ocasiones los altibajos y decepciones que todos los grandes equipos sufren. Llegar a la final de un Mundial y ganarla es una gesta que involucra a todos los niveles y estructuras del fútbol nacional, y nuestro país también destaca en este sentido, al sumar más de un millón de deportistas federados y decenas de miles de clubes en todo el territorio. Que hoy seamos el gran referente global y, además, vayamos a acoger en 2030 nuestro segundo Mundial -esta vez, junto a Portugal y Marruecos- no es fruto de la casualidad, sino del trabajo diario y la ilusión de millones de personas que se dedican, desde distintos niveles de responsabilidad, al deporte que les apasiona. Nuestro país tardó más que otros en acceder al selecto club de las campeonas del Mundo, pero su segunda Copa del Mundo consolida ahora su pujanza internacional, y esa es una lección aplicable a la sociedad en todos sus niveles, como el empresarial, el científico o el creativo. Numerosos niños de una España que hoy es más diversa que nunca acaban de vivir un Mundial histórico y han soñado con un equipo joven y audaz, en el que españoles de distinta condición y múltiples orígenes se ven representados. No hay duda de que lo recordarán el resto de sus vidas.