Bill McKibben, activista: “La luz solar no tiene que pasar por el estrecho de Ormuz”
ResumenEn un planeta en el que casi todo parece ir mal en lo que se refiere a la crisis climática, uno de los activistas ambientales más reconocidos de EE UU, Bill McKibben (65 años, Palo Alto, EE UU), lanza ahora en España un libro sobre lo que de repente puede ir bien. En Here comes the sun (Aquí llega el sol), título igual que la canción de los Beatles, de la editorial Capitán Swing, el estadounidense asegura que por primera vez se abre un camino que puede llevar a un mundo totalmente nuevo, a través de tecnologías como los paneles solares, las turbinas eólicas y las baterías. El fundador de organizaciones ambientales como Third Act o 350.0rg, ganador del premio Gandhi de la Paz y miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, defiende que, aparte de ser necesarias para responder al cambio climático, las energías renovables suponen otros muchos beneficios para la humanidad. “Seríamos unos idiotas si no aprovechamos esta oportunidad increíble que nos llega en el último momento”, afirma McKibbem en esta entrevista por videoconferencia.
En un planeta en el que casi todo parece ir mal en lo que se refiere a la crisis climática, uno de los activistas ambientales más reconocidos de EE UU, Bill McKibben (65 años, Palo Alto, EE UU), lanza ahora en España un libro sobre lo que de repente puede ir bien. En Here comes the sun (Aquí llega el sol), título igual que la canción de los Beatles, de la editorial Capitán Swing, el estadounidense asegura que por primera vez se abre un camino que puede llevar a un mundo totalmente nuevo, a través de tecnologías como los paneles solares, las turbinas eólicas y las baterías. El fundador de organizaciones ambientales como Third Act o 350.0rg, ganador del premio Gandhi de la Paz y miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, defiende que, aparte de ser necesarias para responder al cambio climático, las energías renovables suponen otros muchos beneficios para la humanidad. “Seríamos unos idiotas si no aprovechamos esta oportunidad increíble que nos llega en el último momento”, afirma McKibbem en esta entrevista por videoconferencia. Pregunta. ¿Queda realmente espacio para el optimismo entre tantas noticias negativas para el clima? Respuesta. Es obvio que la situación ambiental es muy grave. No solo son los récords de temperatura y los incendios forestales, estamos alterando límites físicos profundos. Se está haciendo realidad lo que advertíamos hace 40 años, cuando publiqué El fin de la naturaleza, sobre la crisis climática. Pero nuestra tarea ahora no es simplemente decir “ya lo advertimos” e irnos a casa. Hay que encontrar la manera de evitar que las cosas empeoren más y ahora tenemos una herramienta para lograrlo: energía limpia del sol y del viento, y las baterías. Esta es un arma casi milagrosa, ya que no solo ayuda a combatir el cambio climático, sino que también resulta muy beneficiosa para la salud humana y un paso hacia la paz mundial. Mi país sigue invadiendo otros para obtener sus reservas de petróleo. En un mundo donde las reservas de petróleo no importaran, es difícil que los humanos encuentren la forma de librar guerras por la luz solar. P. ¿Se puede parar el cambio climático con placas solares, turbinas eólicas y baterías? R. Es demasiado tarde para detener el cambio climático, eso ya no es viable. Pero sí se puede evitar que la temperatura del planeta aumente unas décimas de grado más. Cada décima de grado que aumenta la temperatura global desplaza a 100 millones de seres humanos de una zona climática relativamente segura a una más peligrosa. No hay vuelta atrás en lo que ya le hemos hecho al planeta, y la situación va a empeorar, pero no debemos dejar de intentar lo que esté a nuestro alcance. Y es la primera vez en 40 años de lucha climática que contamos con herramientas para cambiar las cosas. Seríamos unos idiotas si no aprovechamos esta oportunidad increíble que nos llega en el último momento. Pero hay poco tiempo. P. ¿Qué ha cambiado con estas tecnologías que no tuvieran antes? R. Hace cinco o seis años cruzamos una línea invisible cuando se volvió más barato producir energía del sol y del viento que quemar combustibles fósiles. Ahora la fuerza de la gravedad económica favorece el cambio. P. ¿No es cierto entonces que sean más caras como todavía sigue diciendo gente como el presidente Donald Trump? R. No, no es cierto. En muchos lugares podemos ver que no es así. España lo demostró este año: sus energías renovables hicieron que el país estuviera menos expuesta al impacto de los precios derivado de la guerra en Irán. P. ¿Cómo se ve desde EE UU lo que está ocurriendo en China con las tecnologías limpias? R. Aproximadamente el 50% de la energía limpia que el mundo ha instalado en esta década se ha construido en China. Los chinos están siendo los primeros en producir en masa paneles solares y baterías. Para un estadounidense, esto es difícil de digerir, ya que estas tecnologías se inventaron aquí. La primera célula solar se construyó en 1954 en Edison, Nueva Jersey, en los Laboratorios Bell. Y la primera turbina eólica industrial del mundo se instaló a unos 50 kilómetros al sur de mi casa en Vermont en 1943. Pero nuestro gobierno, comprado y financiado por la industria de los combustibles fósiles, ahora rechaza estas tecnologías. Y se las han entregado a los chinos para que dominen el sector. No conozco un autosabotaje económico nacional tan descabellado como el que ha llevado a cabo la administración Trump con las energías renovables. P. ¿Qué está pasando con las baterías en California? R. En California están instalando muchísimas baterías que permiten aprovechar mejor los paneles solares y las turbinas eólicas. Durante parte del día, California produce más del 100% de su electricidad con energías renovables, y por la noche, una de las principales fuentes de suministro para la red eléctrica son las baterías. En 2026, en algunos momentos se ha llegado a alcanzar con las baterías una potencia de descarga similar a la de 12 nucleares [aunque en un periodo limitado]. P. ¿Por qué destaca el caso de Pakistán con los paneles solares? R. Pakistán es un caso particularmente interesante porque el cambio no viene por las políticas gubernamentales, sino por la gente, que está harta de la electricidad cara e inestable. Como tienen frontera con China, es fácil importar paneles solares de allí muy baratos. La gente solo tiene que buscar tutoriales en YouTube y TikTok para aprender a instalarlos. Si se miran imágenes de Lahore o Karachi en Google Earth, es realmente impresionante, en dos o tres años los paneles solares están de pronto por todas partes. P. ¿Puede Trump parar esta transformación? R. No lo puede detener, pero sí ralentizar. Y en términos climáticos, ralentizar las cosas es otra forma de perder. Trump es un títere de la industria de los combustibles fósiles y puede causar un daño extraordinario, lo está causando. Pero, al mismo tiempo, la guerra en Irán está siendo una de las mejores estrategias jamás vistas a favor de las energías renovables. La luz solar debe recorrer 150 millones de kilómetros hasta la Tierra, pero no tiene que pasar por el estrecho de Ormuz [paso marítimo clave en el conflicto entre EE UU e Irán, que resulta estratégico para el comercio de petróleo y gas]. P. ¿El suministro de minerales no es un problema para la expansión de las tecnologías verdes? R. Hasta ahora, no hemos tenido problemas para encontrar los minerales y eso se nota porque su precio no ha subido. Además, los humanos somos muy buenos ideando nuevas formas de hacer las cosas. Ante el temor de que el litio pueda escasear, rápidamente se ha descubierto cómo fabricar baterías similares con sodio, el sexto elemento más abundante en la corteza terrestre. Por otro lado, la cantidad de minería necesaria es muy pequeña en comparación con la que se requiere para un sistema basado en combustibles fósiles. Si se extrae litio, se coloca en una batería, funciona durante 25 años y luego se puede reciclar. Si se extrae carbón, se quema y hay que extraer más al día siguiente. P. No solo considera un error oponerse a la construcción de parques, sino que ha llegado a escribir a favor de un parque eólico en uno de sus paisajes favoritos de EE UU. ¿Por qué? R. La mayoría de los argumentos en contra de su construcción resultan ser débiles al analizarlos. Además, no necesitamos cubrir cada centímetro del planeta de renovables, con cerca del 1,5% de la superficie terrestre es suficiente, lo cual no es mucho. Pienso en la energía limpia como un cultivo, como el trigo o el maíz, que consumimos en grandes cantidades. No deberíamos preocuparnos por usar parte de nuestra tierra para cultivar energía limpia. P. ¿Por qué asegura que la energía nuclear le asusta menos que antes? R. Algo tiene que fallar en una central nuclear para que cause daños, pero una central eléctrica de gas natural que opere correctamente está aumentando la temperatura del planeta con sus emisiones. En realidad, lo que más me preocupa de las nucleares es su coste. Es un derroche de dinero que se podría invertir mejor en la construcción de más paneles solares y turbinas eólicas. Estas tecnologías renovables ya generan mucha más energía por dólar invertido y una vez que se las conecta a una batería, son igual de eficientes para proporcionar electricidad las 24 horas del día. P. ¿Qué piensa del aumento disparado del consumo de energía por el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA)? R. La Inteligencia Artificial va a necesitar mucha menos energía de la que tendremos que usar para refrigerar los edificios en próximas décadas. El aire acondicionado va a requerir mucha más energía nueva que la IA. Aún así, es verdad que esto se está convirtiendo en un gran problema en EE UU. Los multimillonarios que impulsan la IA son tan miopes que están construyendo centrales de gas para abastecer de energía estos sistemas.