«Voy a sufrir con muchos con los seis toros. Para ser grande no puedes ser conservador»
ResumenCuando Borja Jiménez era Borjita y no levantaba un metro del ruedo, prometió un coche a su madre el día que tocara la gloria. Y aquel niño de Espartinas, con un currículum de siete orejas en Sevilla, el hito de Tapaboca en Bilbao, su ... cumbre con Milhijas y el trébol de Puertas Grandes capitalinas, cumplió su palabra de barbilampiño. Jiménez, que podría sumar a su extraordinaria hoja de servicios dos Puertas del Príncipe pinchadas en la última Feria de Abril, vive con el tormento de la espada.
Cuando Borja Jiménez era Borjita y no levantaba un metro del ruedo, prometió un coche a su madre el día que tocara la gloria. Y aquel niño de Espartinas, con un currículum de siete orejas en Sevilla, el hito de Tapaboca en Bilbao, su ... cumbre con Milhijas y el trébol de Puertas Grandes capitalinas, cumplió su palabra de barbilampiño. Marifé ya tiene el auto prometido. Jiménez, que podría sumar a su extraordinaria hoja de servicios dos Puertas del Príncipe pinchadas en la última Feria de Abril, vive con el tormento de la espada. Y no solo: donde otros ven virtudes, él bucea en los defectos, obsesionado con mejorar, con ahondar más. Hasta Alcalá 237 viaja su mente mientras pasea por la Residencia de Estudiantes, por esa Colina de los Chopos en la que hace cien años se inspiró la Generación del 27. Se asoma al ventanal de la habitación recreada de Federico García Lorca, el poeta que inmortalizó la frase de «los toros es la fiesta más culta del mundo», aquel que escribió la más hermosa elegía de la literatura, el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. En memoria del torero de Pino Montano, el discípulo de Espartaco reta a su propio destino con seis toros en la máxima apuesta de San Isidro. —«Que no quiero verla...», verseó Lorca. ¿Qué le aterra más a usted?—En la muerte nunca pienso, sé que está ahí, que nos jugamos la vida, pero si pensara en ella no saldría a la plaza por el instinto de conservación. Lo que más me aterra es el fracaso y decepcionar a los que creen en mí, a mi familia. Por eso, muchas veces vivo con esa amargura, por la preocupación de fallar a los míos. Quiero que se sientan orgullosos. —¿Por qué seis toros?—Ha sido una decisión personal muy meditada. La hago porque Madrid ha sido la plaza que me ha sacado del pozo donde estaba. Después de tantos años sin torear, de tantos años buscando esa oportunidad para volver a engancharme al toreo, Madrid me la dio.—Es una apuesta arriesgadísima, un salto al vacío en el que no siempre hay red. ¿Da vértigo?—Mucho. Sé que va a ser una tarde complicada y más en Las Ventas, con ese nivel de exigencia. Sé que voy a sufrir mucho, pero ese sufrimiento es la manera de agradecerle a Madrid todo su cariño y, también, para demostrarme a mí mismo que soy capaz de hacerlo.Noticia relacionada general No No 'A las 5 de la tarde' La Feria de San Isidro, en tu mail: apúntate a nuestra newsletter especial taurina ABC—¿Se centra en la preparación física o la mental?—Lo más importante es aguantar con la mente fuerte. Está el fracaso, el éxito, el miedo, el éxtasis… Con seis toros, esas emociones están muy revueltas. Lógicamente, hay que estar también fuerte físicamente.Reto a Roca en Otoño «Me salió espontáneo y estoy muy tranquilo de haberlo hecho. El orgullo que tiene un torero también hay que sacarlo»¿Respuesta? «No, de momento no. De aquí a otoño queda mucho tiempo. Ahora solo pienso en la temporada. Nunca he entrado en polémicas ni voy a hacerlo ahora»—Su camino ha sido duro, con una larga época en el ostracismo.—En los siete primeros años de alternativa toreaba una o dos corridas, pero nunca me aburrí; por eso me dolió mucho cuando algunos pensaron que me había quitado del toreo. Siempre lo digo: mi mayor cualidad es el trabajo y el sacrificio que soy capaz de aguantar diariamente.—Alguna vez se tomará vacaciones…—Ni una. No hago absolutamente nada que no sea en torno al toro. Mi día a día es el entrenamiento, llevar el cuerpo y la mente al límite continuamente. No hay otra vida más allá: se la entregó entera al toro. Borja Jiménz, apoyado en el Banco del Duque de Alba de la bautizada como Colina de los Chopos por Juan Ramón Jiménez Belén Díaz—Da la impresión de que no celebra ni los triunfos.—No es que dé la sensación, es la realidad. He pasado de cero a abrir tres Puertas Grandes en Madrid, dos de Bilbao, siete orejas en Sevilla, dos en Pamplona, y no he hecho ninguna fiesta. Pensándolo fríamente quizás debería haber celebrado algo, pero siempre me queda esa pequeña amargura de que tenía que haber dado más de mí. Se llega a vivir amargado, porque nunca te vale nada. Aunque tenga triunfos muy fuertes, no termino de estar feliz nunca, salvo en la cara del toro. No quiero ser mejor que nadie, pero sí quiero profundizar en mi mejor toreo.—En la gala de San Isidro retó a Roca Rey, la máxima figura, a torear juntos la corrida de Victorino en la Feria de Otoño. ¿Lo llevaba premeditado o fue algo espontáneo?—Me salió espontáneo. Por varias circunstancias, me salió en ese momento así, y estoy muy tranquilo de haberlo hecho. El orgullo que tiene un torero también hay que sacarlo. Como persona, no me gusta entrar en polémicas, y no he entrado nunca en ninguna, pero hay veces que el torero está por encima de la persona.—¿Con esas 'circunstancias' se refiere a que le hubiese gustado estar sobre ese escenario tras su triunfo en la campaña 2025?—Bueno, son circunstancias que pasan, pero eso ya queda en su día, y ahora el siguiente día es el de esta temporada, que es donde estoy centrado. Este año es clave para mí, para mi carrera y para mi futuro. No quiero distraer la mente con otra cosa que no sea el toro.—¿Le ha respondido Roca a la invitación?—No, de momento no. De aquí a otoño queda mucho tiempo. Ahora solo pienso en la temporada.La encerrona «La hago porque Madrid ha sido la plaza que me ha sacado del pozo donde estaba, que me dio la oportunidad de volver a engancharme al toreo»—Después de su rotundo 2025, sorprende no verlo en los carteles ya anunciados ni con Morante (al margen de Sevilla), ni Manzanares… Y una con Roca en Francia. ¿Acaso no debería usted estar entre los primeros a quienes las empresas llamen? —Yo llevo mi camino. No me he quejado cuando no toreaba y no lo voy a hacer ahora. El toreo es despacio. Poquito a poco, dando motivos en el ruedo, voy entrando donde quiero.—Dicen que en el toreo el mejor es el toro, y ese te puede matar. ¿Hay justicia en los despachos?—Aquí el más justo es el toro: si tú entregas todo de ti, él se entrega. Es la mayor verdad. Después, hay muchas maneras de negociar, pero yo hace cuatro años estaba trabajando en una certificadora de cerdo ibérico de inspector (estudió perito agrícola) y ahora toreo sesenta corridas en las ferias de mayor importancia y con triunfos a la espalda muy fuertes. Cuando me entra la duda, recuerdo de dónde vengo.—¿Quién es Julián Guerra para usted, más allá de su apoderado?—Una persona a la que le voy a estar agradecido de por vida. Hablé con muchos apoderados que me dijeron que yo tenía una situación muy difícil y entonces conocí a Julián y vio algo que a lo mejor los demás no veían, que solo veíamos él y yo.—¿Qué consejos le da el maestro Espartaco sobre la encerrona?—Es muy conservador en el aspecto de dar consejos. Él hizo lo de los seis miuras de Sevilla, sin necesidad de hacerlo. Quizá yo ahora tampoco tenía esa necesidad, podría haber sido más conservador y no arriesgar tanto. Porque es verdad que estoy exponiendo mucho esa tarde. «Si tú lo ves claro, y lo quieres hacer por los motivos que estás exponiendo, pues hazlo», me dijo. Lo más normal es que las cosas se pongan difíciles durante toda la tarde, porque ahí está la historia del toreo de todos los que han matado seis toros en Madrid, pero si quieres hacer algo grande, tienes que dar el paso adelante.Ahuyentar el miedo «Para sacarlo, miro al espejo del hotel y le digo: 'Ahí te quedas, te recojo cuando vuelva'. El miedo no existe, está en la cabeza de uno»—¿Va viendo el color al dinero?—Si le digo la verdad, no me preocupa. Obviamente, es importante tener una estabilidad económica. Hace cinco años estaba cobrando un sueldo mileurista y ahora tengo otra economía. No me gustan los grandes lujos ni soy materialista. Soy una persona tranquila y sencilla. No me he dado ningún capricho. Me he comprado un coche bueno y me he podido comprar una casa. Lo demás, ahí está y ni lo veo, porque no es mi prioridad. Sé el trabajo que cuesta ganarlo y llevo una vida muy normal. Lo que sí gasto es en cosas de torear, en vestidos, eso sí me hace feliz. En toda mi vida solo había podido tener dos trajes de luces y ahora me hago siete.—¿Cómo será el del 7 de junio?—Será un blanco y oro, como el de mi alternativa, una especie de puente entre donde todo empezó y donde salí del pozo, la plaza que todo me lo dio.Suspira Borja. Visiblemente emocionado cuando su mirada retrocede una década atrás, cuando la luz no aparecía, cuando todo era como el de las patas negras, las del toro y las de ese piano de media cola lorquiano que suena al fondo del salón. Otra vez, la melodía del dolor: «Cuando todo va rodado, el sufrimiento se camufla un poquito. Cuando sabes de dónde vienes, de lo que has tenido que hacer para cambiar todo… Sabes que en cuanto te resbales, te van a querer parar. Y lo que de verdad me duele es que mi familia sufra por mí». Silencian las notas del Bechstein, su mirada se nubla. Reconoce que «los toreros lloramos, claro que lloramos». Conmueve su desgarro. «Me emociono porque me viene a la mente todo lo que la gente no sabe. Por eso me duele que alguna vez me quieran pisar el cuello, pero esto también forma parte de la profesión y, quizá, esa exigencia me haga entregarme así». Saca su raza el de Espartinas, atrás queda el hombre y se crece el torero.taurina_0639—¿De qué fuentes bebe el valor?—Yo no tengo valor natural, lo que yo tengo es mucha preparación. A veces me sorprendo a mí mismo con cosas que hago delante del toro. Hasta el punto de cruzar la línea y que pase lo que Dios quiera. Nadie sin preparación y sin mentalidad se queda quieto delante de un toro. El torero sevillano, durante la entrevista en el salón de actos del pabellón central de la Residencia Belén Díaz—¿Y dónde se esconde el miedo?—El día de la corrida no lo paso ni mal. Disfruto con ese miedo. Y me lo paso bien. Cuando era novillero sin caballos, Ruiz Miguel me dio un consejo que se me quedó grabado: «Cuando tenía que ir a la plaza, yo lo que hacía es mirar al espejo y decir: 'Miedo, tú te vas a quedar aquí. Cuando vuelva a la habitación te vuelvo a coger, pero sal de mí, quédate aquí en esta habitación'». Y las tardes clave miro al espejo del hotel y le digo: 'Ahí te quedas, te recojo cuando vuelva'. Es una manera de liberarte de esa presión, de ese miedo; el miedo no existe, está en la cabeza de uno. Espartaco padre, cuando entrenábamos, decía: «Venga, señores, vamos a correr, vamos a comprar el valor». La preparación da confianza, la confianza da valor y el valor te deja torear bien.—¿Qué otros valores le ha enseñado el toreo?—Infinitos, pero el más importante es el del respeto. Para la vida cotidiana, el de la fuerza de voluntad y el sacrificio. Mi padre se lo decía mucho a Espartaco padre cuando estábamos en la escuela: «Tú tenías que ser profesor de instituto».—Ernest Urtasun no piensa lo mismo. Tal es su antitaurinismo que intentó desplazar a Sánchez Mejías de los homenajes a la Generación del 27.—Es imposible que Urtasun sea un verdadero ministro de Cultura porque, al final, está negando la cultura. Está totalmente equivocado: si quiere renegar de la cultura, que se dedique a otra cosa. El toreo, que le quede claro, forma parte de la cultura de España y cada vez va más gente a los toros, con más jóvenes que nunca. Lo que sucede en la plaza es una emoción, es un espectáculo, es un arte.—¿Se siente más cercano al concepto de artista o de héroe?—Un compendio de todo, dependiendo del animal que tenga delante. He podido torear toros derecho y desmayado y otros más arrebatado, con el compás abierto y llevándolo largo. Creo que esa ha sido la virtud de las grandes figuras del toreo, acoplarse a las embestidas. Así nace la épica, así nace el arte. Que lo es, diga lo que diga el ministro.