Francesc-Marc Álvaro: «Hay votantes que pueden votar a Abascal en generales y a Orriols en catalanas»
ResumenPortavoz de ERC en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados Escucha el artículo. 10 min Ana Sánchez Madrid Francesc-Marc Álvaro (Barcelona, 1967) es una rara avis. Ensayista y antes periodista y profesor universitario, es portavoz de ERC en varias comisiones clave de la Cámara Baja. Acaba de publicar 'El franquismo en tiempos de Trump' (Galaxia Gutenberg), donde sitúa al presidente de EE.
Portavoz de ERC en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados
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Madrid
Francesc-Marc Álvaro (Barcelona, 1967) es una rara avis. Ensayista y antes periodista y profesor universitario, es portavoz de ERC en varias comisiones clave de la Cámara Baja. Acaba de publicar 'El franquismo en tiempos de Trump' (Galaxia Gutenberg), donde sitúa al presidente de EE. ... UU. en el origen del auge de la ultraderecha en Occidente. En esta entrevista analiza su influencia en los partidos españoles, señala los errores de la izquierda y aborda las tensiones internas en su partido ante el frente e izquierdas planteado por Gabriel Rufián.
—Usted sostiene que el franquismo no es solo pasado. ¿Dónde lo ve hoy?
—Lo que vemos hoy a través de Vox es la amalgama de un franquismo sociológico que ha permanecido en el tiempo y que ha tenido el aporte de un elemento nuevo exterior que es el trumpismo. Y eso ha generado un nuevo producto político, con mucha fuerza, que ha tenido capacidad de irradiar sus propuestas.
—¿Cree que el franquismo ha sobrevivido como cultura política?
—Más que como cultura política, subsiste como una visión y como una costumbre, sobre todo en determinadas élites. Eso tiene un corolario político adaptado a la actualidad a través de Vox, pero no solo. Es decir, podemos encontrar trazas de franquismo sociológico en ámbitos privados, en ámbitos vinculados a la sociedad civil, mundo económico, mundo deportivo, mundo religioso, y se expresa en actitudes que pueden ser diversas, pero que tienen una base de autoritarismo, de exclusión y de una visión cerrada y una visión retrógrada o nostálgica de este país.
—Está hablando de algo absolutamente minoritario, ¿o piensa que el franquismo es un factor condicionador?
—Es una buena pregunta. Creo que tendríamos que tener datos para decir si es minoritario. En unos puntos, en otros quizás es menos minoritario. Seguramente va por barrios.
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CABEZA FRIA
—Ha señalado varias veces a Vox, ¿cree usted que es un partido franquista?
—Creo que Vox es un partido neofranquista y trumpista, ambas cosas, y que lo que le da fuerza es justamente esa amalgama local-global, de neofranquismo y de trumpismo.
—¿Qué papel juega el trumpismo sobre la ultraderecha europea?
—Ofrece una caja de herramientas a diversos movimientos políticos locales-nacionales, que conectan con algo muy profundo del trumpismo, que es su visión negativa de la democracia liberal. En el caso español conectan con el neofranquismo. En función de cada sitio, esa caja de herramientas se usa de una forma u otra, pero quien la provee es Trump y su mundo. Tienen la fórmula original que luego ya se va adaptando al gusto local según el sitio.
«El crecimiento de la ultraderecha que parecía imparable puede encontrar topes»
—Usted sostiene que la izquierda ha perdido el control del debate. ¿Dónde ha fallado?
—Hay un error de los partidos tradicionales, que es contribuir al malestar de la política que va filtrando en la sociedad. Es decir, corrupción, burocracia, lejanía del administrado, endogamia de los partidos. Eso dio fuerza en su momento a Podemos y da fuerza ahora a Vox. En la izquierda hay un elemento a añadir; el miedo a ciertos debates, un abordaje a veces no muy valiente de cuestiones como la seguridad o el tema migratorio. La ultraderecha se ha quedado haciendo un monólogo. Creo que la izquierda ha hablado poco de vivienda, salud, pensiones, trabajo, y se ha dejado meter goles.
—En Cataluña, el fenómeno emergente es Aliança Catalana. ¿cree que es coyuntural o un movimiento más profundo?
—Aliança Catalana es el trumpismo catalán, genuinamente catalán. Si le decía que Vox es neofranquismo y trumpismo, Aliança Catalana es trumpismo con algo de soberanismo, pero más trumpismo que soberanismo, aunque lleven la 'estelada'.
«Vox es un partido neofranquista y trumpista»
—¿Comparte electorado con Vox?
—Tiene una frontera muy amplia con votantes de Vox. Eso significa que hay votantes que pueden hacer un voto dual. Pueden votar a Abascal en las españolas y a Sílvia Orriols en las catalanas. Lo detectó el Centre d'Estudis d'Opinió, que es el CIS de Cataluña. Es una frontera curiosa, yo entiendo que a un lector de Madrid le puede estallar la cabeza.
—Entonces, ¿la diferencia entre ambos es más simbólica que real?
—La diferencia es que unos van con la bandera española y otros con la 'estelada', pero ambos comparten la agenda trumpista.
—La prioridad nacional que defiende Vox, ¿es la misma idea que defienden Aliança y Junts solo que en su caso aplicada a los catalanes?
—Aliança Catalana y Vox comparten muchos postulados y propuestas, copian mensajes y estrategias del trumpismo, adaptados a sus respectivos públicos. Ambos han encontrado inspiración en las teorías reaccionarias del llamado Gran Reemplazo, que les lleva a visiones excluyentes y xenófobas de la sociedad. Para Orriols y Abascal, el extranjero pobre (mayormente musulmán) es el elemento que se usa para activar todos los miedos y malestares, a los que se responde con promesas de políticas de mano dura, que se identifican con soluciones simplistas y automáticas. No he escuchado ni he leído nunca que Junts utilice este concepto en sus discursos. Me parece que la influencia de la idea de Jordi Pujol expresada en la frase «es catalán quien vive y trabaja en Cataluña» sigue presente. Otra cosa es lo que pueda venir en el futuro, si una parte del electorado de Junts se siente atraído por Aliança Catalana. Pero eso es, por ahora, una hipótesis.
—Ante la irrupción de Aliança Catalana, ¿Esquerra no va tarde?
—Nosotros vamos a confrontar y tenemos un espacio muy grande para hacerlo.
«Hay un problema de izquierda básicamente en Madrid, o en el Gran Madrid»
—¿También en inmigración?
—En todo. Cataluña existe, entre otras cosas, porque ha sabido gestionar la inmigración históricamente desde el siglo XVII. Decimos lo mismo que decía Jordi Pujol, el PSUC, Comisiones Obreras, la Iglesia catalana: es catalán el que vive y trabaja en Cataluña y quiere serlo. Esquerra está por políticas de cohesión e integración. No somos ingenuos. Esto representa recursos, ordenar la escuela, la salud, los barrios, intervenir, pero no excluir. Lo que hace Aliança y Vox es exclusión. Nosotros estamos por la integración, que significa cabeza, gestión, dinero.
—¿Cuál es hoy el principal problema de la izquierda?, la falta de liderazgo, de proyecto, de credibilidad...
—Es multifactorial. Hay un problema de taifas y de dificultad para armar grandes proyectos, pero no tanto de la izquierda española sino, si me permites, de la izquierda madrileña. Hay un gran lío entre Más Madrid, Izquierda Unida, Podemos, Sumar... Lo digo para que no perdamos el foco: lo que ocurre en Madrid es muy importante, pero no es todo el Estado. Hay un problema de izquierda básicamente en Madrid, o en el Gran Madrid, y luego hay otras realidades distintas. Por ejemplo, la Chunta hizo un buen resultado en las elecciones en Aragón con su eje y su centro de gravedad, que es su propia comunidad.
«La izquierda ha hablado poco de vivienda, salud, pensiones y trabajo y se ha dejado meter goles»
—¿Cree que Vox puede seguir creciendo?
—Creo que tanto Vox como Aliança están muy fuertes, pero ese crecimiento que parecía imparable puede encontrar topes de resistencia. La política es el terreno de la contingencia.
—Si el PP no suma, ¿la izquierda debería facilitar su gobierno para evitar a Vox?
—Creo que esa es una excelente pregunta para el PSOE.
—También para ustedes, ¿prefiriría un gobierno de PP y Vox a abstenerse para que el PP gobernara en solitario?
—Lo que preferiría es que la derecha democrática no se uniera nunca con Vox.
—Su visión lleva a cuestionar los liderazgos muy mediáticos, sin profundidad, ¿es Rufián un ejemplo?
—Rufián es un fenómeno comunicativo clarísimo. Y tiene una gran capacidad de conectar con los jóvenes. Creo que es el único político de izquierdas que puede conectar con los jóvenes de una forma equivalente a cómo conectan la ultraderecha. Y eso le hace muy competitivo. También conecta con el espíritu de la época, que es un espíritu de mensajes cortos, muy directos. Evidentemente la política son muchas cosas, hay que tener ese registro, y hay que tener otros, sin duda.
«La mayoría de la gente de ERC está por mantener la marca»
—¿Y en el registro de la profundidad no se queda corto?
—Cada uno debe hacer lo que hace mejor. Rufián hace muy bien ese mensaje directo y por suerte en Esquerra tenemos otras personas que se encargan de discursos más clásicos.
—Su insistencia en el frente de izquierdas desafía la dirección que marcó Junqueras.
—Junqueras y Rufián están convencidos de que hay que parar a la derecha. La manera que propone Rufián es una y la manera de enfocarlo de Junqueras es otra, que tal vez no son contradictorias sino complementarias. La parte positiva de lo que hace Rufián es plantear un debate de ideas, que en política siempre es muy importante. Luego aterrizar esas ideas al día a día es lo complicado y en eso estamos. Ese debate está ahí.
—Las formas sí parecen contradictorias. Junqueras ha dicho que no al frente de izquierdas y Rufián ha seguido adelante...
—Esquerra viene de una tradición liberal-libertaria, que puede sorprender al resto de partidos, que son mucho más organicistas. No es malo ese debate. Lo que pasa es que finalmente la dirección ha fijado una posición que es en principio mantener la marca de Esquerra y no plantearse grandes alianzas fuera de las elecciones europeas. Y yo comparto la visión de la dirección en ese sentido.
—La dirección tiene una posición clara, ¿las bases y los cuadros de ERC también?
—La mayor parte de la gente está por mantener la marca.
—¿Hay malestar dentro del partido respecto a Rufián?
—Lo que percibo es disparidad de criterios.
«Rufián es un fenómeno comunicativo clarísimo»
—Si la mayoría de ERC está con la posición de la dirección, ¿cómo afecta en el grupo parlamentario esta aventura de Rufián?
—Es un debate vivo y ya está. Lo llevamos deportivamente.
—¿Eso qué quiere decir?
—Creo que por suerte todos, los siete diputados y los senadores, somos muy profesionales y más allá de las discrepancias o visiones distintas somos muy conscientes de que tenemos una responsabilidad para con los electores y para con la institución. Como en cualquier grupo humano puede haber más o menos discrepancias, pero luego estamos ahí metiendo todos la cabeza. Eso es así.
—Pero será incómodo.
—Bueno, la política nunca es cómoda, para el que quiera comodidad que vaya a otra cosa.