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Expansión ·

Así negociarán Trump y Xi el reparto de poder entre EEUU y China

Resumen

La reunión entre el presidente de EEUU, Donald Trump, y el de China, Xi Jinping, en Pekín esta semana se producirá en un momento especialmente delicado para la economía mundial tras semanas de bloqueo del estrecho de Ormuz y la crisis energética que ha provocado el conflicto en Irán. Pero aunque la situación en Oriente Próximo figura en el orden del día del encuentro, la prioridad para ambas potencias es enterrar de forma definitiva su propia guerra comercial y no volver a las hostilidades que hagan descarrilar a los dos grandes motores económicos del planeta. Trump quiere a "China abierta a los negocios de EEUU" y llega acompañado de la plana mayor de Silicon Valley y Wall Street. Junto a él, viajan Jensen Huang (Nvidia), Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple), Larry Fink (BlackRock), Jane Fraser (Citi) y David Solomon (Goldman Sachs), entre otros.

La reunión entre el presidente de EEUU, Donald Trump, y el de China, Xi Jinping, en Pekín esta semana se producirá en un momento especialmente delicado para la economía mundial tras semanas de bloqueo del estrecho de Ormuz y la crisis energética que ha provocado el conflicto en Irán. Pero aunque la situación en Oriente Próximo figura en el orden del día del encuentro, la prioridad para ambas potencias es enterrar de forma definitiva su propia guerra comercial y no volver a las hostilidades que hagan descarrilar a los dos grandes motores económicos del planeta. Trump quiere a "China abierta a los negocios de EEUU" y llega acompañado de la plana mayor de Silicon Valley y Wall Street. Junto a él, viajan Jensen Huang (Nvidia), Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple), Larry Fink (BlackRock), Jane Fraser (Citi) y David Solomon (Goldman Sachs), entre otros. Son muchos los temas a tratar: crisis energética, tensiones sobre Taiwán, batalla tecnológica entre Washington y Pekín, renegociación de los aranceles... Los analistas insisten en que el encuentro entre ambos líderes es mucho más que una simple cumbre bilateral, ya que lo que está en juego es el equilibrio económico y geopolítico del mundo durante la próxima década. El encuentro, previsto para hoy y mañana, supone el regreso de Trump a China por primera vez desde su viaje de 2017, durante su primer mandato. Desde entonces, el clima ha cambiado. En aquella visita, el gigante asiático todavía trataba de evitar una confrontación frontal con Washington y EEUU mantenía una posición dominante tanto en el plano económico como tecnológico. Hoy, Xi Jinping llega a la reunión no solo ejerciendo como anfitrión, sino convencido de que China dispone de muchas más herramientas para resistir la presión y, en algunos sectores estratégicos, incluso para ganar el pulso a su homólogo norteamericano. Ya lo demostró plantándole cara cuando inició la guerra comercial. El inquilino del Zhongnanhai fue el único que plantó cara al de la Casa Blanca. Su as en la manga: las tierras raras que tanto necesita EEUU y de las que China controla alrededor del 70% a nivel mundial. La prioridad inmediata de Trump es económica. El presidente estadounidense llega presionado por la desaceleración de la economía, la persistencia del déficit comercial y el impacto político de la inflación sobre el votante estadounidense. La Casa Blanca quiere presentar esta reunión como una oportunidad para reducir tensiones comerciales y conseguir concesiones de Pekín. Entre ellas, mayores compras chinas de productos agrícolas -especialmente soja-, contratos para el gigante aeronáutico Boeing, más importaciones energéticas y, por supuesto, garantías sobre el suministro de tierras raras. Inteligencia artificial El acceso a minerales críticos se ha convertido en una de las grandes obsesiones estratégicas de Washington. Además de la producción, China domina con una cuota de mercado superior al 90% el refinado y procesamiento mundial de estos minerales, esenciales para la industria de los semiconductores, baterías eléctricas para vehículos, Defensa e inteligencia artificial. Sin embargo, la gran contradicción de Trump es que necesita estabilizar la relación comercial con China al mismo tiempo que mantiene una estrategia de confrontación tecnológica. Washington no quiere que el gigante asiático acceda a chips avanzados, sistemas de inteligencia artificial, equipos de litografía de última generación o tecnologías militares sensibles. Precisamente, esa es una de las principales líneas rojas de Xi Jinping. Pekín considera que los controles estadounidenses a las exportaciones tecnológicas buscan contener su desarrollo y frenar su ascenso como superpotencia. La rivalidad tecnológica será uno de los asuntos más tensos de la reunión. Bajo Xi, China ha acelerado enormemente su apuesta por la autosuficiencia industrial y tecnológica. Pekín ha invertido cientos de miles de millones en semiconductores, IA, vehículos eléctricos, baterías y energías renovables. La estrategia impulsada por Xi no difiere gran cosa de la de Trump, ya que busca reducir la dependencia china de Occidente y blindar la economía frente a futuras sanciones estadounidenses. Para Pekín se trata también de una cuestión de seguridad nacional. El mantra es el mismo. La diferencia radica en sus armas de negociación. Mientras que uno controla las materias primas, el otro domina la tecnología. El problema para Trump es que una vez que China aprenda los secretos de Silicon Valley, ya no necesitará compartir los recursos naturales necesarios para su desarrollo. Capital intelectual por capital físico. Líneas rojas El otro gran foco de tensión será Taiwán. Para China, la isla sigue siendo probablemente la cuestión más sensible de toda la relación bilateral. Xi quiere aprovechar la reunión para exigir a Trump más claridad sobre las líneas estadounidenses respecto al territorio y, especialmente, para limitar el apoyo militar de Washington a Taipéi. EEUU mantiene oficialmente la política de "una sola China", pero continúa vendiendo armamento a Taiwán y reforzando sus vínculos estratégicos con la isla. La preocupación entre los países del sudeste asiático, así como de Japón y Corea del Sur, es que Trump pueda introducir ambigüedad sobre Taiwán a cambio de avances comerciales con Pekín que favorezcan especialmente a su agenda económica. La guerra en Irán añade además complejidad al encuentro. China es uno de los principales compradores de petróleo iraní y mantiene estrechos vínculos económicos con Teherán. Washington sospecha además que empresas chinas han ayudado indirectamente al régimen iraní mediante exportaciones de bienes de doble uso y componentes tecnológicos. Trump quiere que Xi utilice su influencia para moderar a Irán y contribuir a estabilizar Oriente Medio. Sin embargo, Pekín no tiene interés en aparecer alineado con Washington frente a Teherán. China necesita estabilidad energética, pero también desea evitar que EEUU consolide todavía más su influencia militar en la región. Además, el conflicto iraní ha debilitado parcialmente la posición negociadora estadounidense porque ha obligado a Washington a desviar recursos diplomáticos y militares hacia la región. De hecho, los analistas políticos coinciden al señalar que el presidente chino llega a la cumbre con una posición de fuerza inédita frente al estadounidense.