A la vista
ResumenEl actual presidente de Estados Unidos es una anomalía. El actual presidente de la FIFA es lo habitual ahí. Un presidente de la FIFA parte con la sospecha en el currículo. mí no me importaría ser Papa o presidente de la FIFA.
El actual presidente de Estados Unidos es una anomalía. Una extravagancia. Un tío percal. El actual presidente de la FIFA es lo habitual ahí. Un presidente de la FIFA parte con la sospecha en el currículo. Es lo que nos ha dado la experiencia. A ... mí no me importaría ser Papa o presidente de la FIFA. Uno, por el vestuario y la 'auctoritas' (aunque no venga de oficio con la decisión del Espíritu Santo). Lo otro, por las posibilidades. Señor, si no me das, ponme donde haya. Me he criado con Havelange, que fue presidente desde 1974 a 1998. O sea, desde el Mundial de Alemania hasta el de Francia. Un mandato sólo más corto que el de Jules Rimet. Con los años supimos que él y su yerno recibieron una fortuna en sobornos por la concesión de derechos de comercialización del Mundial. Luego llegó Blatter (1998 a 2015). Otro que no se recogía temprano. Después nos vino Infantino. Bajo la presidencia de este se eligió Estados Unidos como sede (con México y Canadá). Y Arabia Saudí para 2034. La de Qatar fue con Blatter. ¿Cómo vas a pensar bien de dar un Mundial a Qatar o a Arabia Saudí? Y claro que hace calor en EE.UU. este verano. Ahora quizás habría que ir al Polo Norte para encontrar buen tiempo. Pero no hay instalaciones. Ni quien te unte.El ridículo de Infantino dejándose mangonear por Trump solo está a la vista. Como el infantilismo de Trump. Nadie cree que los presidentes sean (hayan sido) almas cándidas. Ya sean De Gaulle o Johnson. No hace falta ir a Nixon. Pero tiene que venir alguien a revelarlo. Lyndon B. Johnson odiaba a Tom Wicker, del 'New York Times'. Un día que la prensa estaba en su rancho, Johnson lo llamó a su coche, se marcharon por el campo, «se bajó del coche, dio unos pasos hacia los árboles, se detuvo, se bajó los pantalones y defecó allí mismo. El presidente se limpió con unas hojas, se subió los pantalones, se montó en el coche, dio media vuelta y regresó a toda velocidad». Lo contó Seymour M. Hersh en 'Reportero'. Hoy Trump te dice a la cara, y en público, que eres muy mal periodista. Horrible, esa palabra que tanto le gusta. Pero Trump pasará.