«Un actor del 'Un, dos, tres' participó en la represión de la República»
ResumenEl 19 de mayo de 1937, mientras España se desangraba en la Guerra Civil, dos payasos de cara empolvada y cucuruchos en la mollera se colaron en la portada de un periódico local. La imagen, pequeña pero impactante, les mostraba a pie de trinchera, actuando ... frente a decenas de soldados republicanos. Al investigar descubrí que eran Pompoff y Thedy, los nombres artísticos de José María y Teodoro Aragón Foureaux .
El 19 de mayo de 1937, mientras España se desangraba en la Guerra Civil, dos payasos de cara empolvada y cucuruchos en la mollera se colaron en la portada de un periódico local. La imagen, pequeña pero impactante, les mostraba a pie de trinchera, actuando ... frente a decenas de soldados republicanos. «Encontrarla me abrió un mundo. Al investigar descubrí que eran Pompoff y Thedy, los nombres artísticos de José María y Teodoro Aragón Foureaux . Eran los tíos de Gaby, Fofó y Miliki. Su historia en el conflicto es preciosa y entrañable: fueron asiduos de los festivales benéficos a favor de los huérfanos... y sin cobrar. Tan solo recibían algún paquete de comida como compensación».Muchos son los libros que contemplan a un clásico de la investigación de la Guerra Civil como Pedro Corral. Pero, lo que son las cosas, el escritor y periodista admite a ABC tener «la ilusión de un primerizo» al hacer referencia a su nuevo ensayo histórico: 'Cómicos en guerra' (La Esfera). Por eso nos habla con efusividad de la historia de Pompoff y Thedy, una de las innumerables que recoge en una obra que está alejada de trincheras políticas y maniqueísmos recurrentes. «Este no es un libro al uso sobre el teatro en la Guerra Civil; de esos hay ya. Estas son historias que me han buscado a mí», confiesa.Corral no quiere ajustar cuentas y se ha esforzado por alumbrar un libro que no cargue contra nada ni contra nadie. «En él solo hay historias de personas que he reconstruido con el mayor rigor posible». De hecho, admite que lo que más orgullo le produce son las 63 páginas de notas al pie que esconde el ensayo: «Al final, es un retrato fidedigno del conflicto a través de personajes más o menos anónimos». Por sus páginas desfilan dramaturgos, compositores, actores, cantantes, vedettes y coristas, ventrílocuos, tramoyistas, maquilladores… La cara más humana de la guerra. Y hoy, se ha comprometido a relatarnos algunas de estas vidas.Noticia relacionada No No Violencia en la República: cómo se autodestruyó el Frente Popular Manuel P. VillatoroCada historia llegó a Corral de manera diferente. La de los Aragón fue a través de esa imagen perdida en la portada de un periódico. A partir de ahí, el investigador deshizo la madeja y se topó con los hermanos Pompoff, Thedy y Emig, tres artistas de circo con legiones de seguidores en España, Portugal y América. «Estuvieron muy comprometidos con las víctimas de la contienda. Se hicieron omnipresentes en los festivales que el Sindicato de Artistas de Variedades y las organizaciones del Frente Popular celebraban para recaudar fondos para las familias de los caídos», desvela el autor. Su valentía es innegable, pues daban sus funciones en primera línea a pesar de que un regimiento franquista podía gastar 6.000 cartuchos y 200 granadas de mortero al día.Testimonios únicosOtras historias, como la del cineasta Rafael Gil, cayeron en las manos de Corral gracias a sus descendientes. «Su hijo me contó que, cuando su padre no era más que un joven de derechas simpatizante de la CEDA de Gil Robles , se vio forzado a hacer documentales de propaganda para el Frente Popular durante la Guerra Civil», señala. Así consiguió ganarse el pan de la mano de Antonio del Amo, el futuro director de ocho películas de Joselito. «Empecé a investigar sobre su vida y me topé con el Consejo de Guerra que hicieron los vencedores a Del Amo. Gil testificó a su favor y confirmó que le había protegido a pesar de su ideología. Es una historia preciosa que demuestra cómo la amistad se sobrepone a cualquier razón ideológica», añade.Madrid, enero de 1934. María Brú y Pepe Isbert ensayando ante el autor Pedro Muñoz Seca ABCTambién a través de algunos descendientes, una de sus nietas, encontró Corral a Ildefonso Anabitarte. El empresario donostiarra, pionero en la introducción de la mujer en el deporte femenino, vivió cómo los revolucionarios le incautaban dos de sus establecimientos durante la Guerra Civil: el teatro-cine Fígaro -en la calle Doctor Cortezo 5, de Madrid-, bautizado así en honor de Mariano José de Larra con uno de sus pseudónimos, y el Frontón Madrid. «Ella me contó que había desaparecido en pleno conflicto y que no se volvió a saber de él», señala. Y eso, a pesar de que no se había significado a nivel político de forma destacada por ninguno de los dos bandos.Para Corral, esta y otras tantas historias muestran que los mundos del teatro y del cine se vieron afectados de forma directa por la Guerra Civil: «El espectáculo, el ocio, el entretenimiento… Todo eso quedó desgarrado por el conflicto fratricida. Ya desde el principio, las salas y los escenarios cerraron tras el golpe de Estado. Eso dejó a una infinidad de músicos, maquilladores, autores, tramoyistas, actores y maquinistas sin trabajo». Algunos de ellos no quisieron involucrarse, otros tantos lucharon por sobrevivir y una pequeña porción incluso combatió en el frente. «Recorrer sus vidas me ha permitido retratar todas las actitudes y reacciones que tuvo la sociedad española ante el conflicto», finaliza.Nuevos descubrimientosLa investigación histórica, esa hecha a golpe de prospección en los archivos, es otro de los pilares que sustentan este ensayo. Corral mantiene que ha desvelado varios enigmas sobre algunos de los dramaturgos más reconocidos de la Guerra Civil; uno de ellos, Pedro Muñoz Seca . «¡Y eso que ya sabíamos mucho de él!», bromea. Sus obras eran de las más valoradas por el público gracias a un estilo basado en el disparate y en los juegos verbales. Una buena parte de ellas, además, estaban empapadas de sus convicciones monárquicas y católicas. Quizá por ello, o quizá por su postura crítica hacia la República, fue detenido el 29 de julio en Barcelona, trasladado a Madrid con su esposa y fusilado ese noviembre en Paracuellos de Jarama.Arriba: Primera etapa de La Barraca. Debajo: informe sobre Valentín Tornos López (Don Cicuta) y una instantánea con este personaje en el 'Un, dos, tres'. ABC y Pedro CorralCorral afirma haber descubierto, con nombres y apellidos, a la persona que detuvo a Muñoz Seca en una pensión de Barcelona: «Fue el también actor Avelino Nieto Tormo, y lo hizo a punta de pistola. Hoy podemos saber cómo era su cara gracias a los fotogramas de una película en la que interpretó a un cura antes del conflicto». A su vez, mantiene que ha hallado documentación –un Consejo de Guerra a Joaquín Dicenta– que confirma que el Gobierno republicano conocía su detención y que se negó a excarcelarle a pesar de las peticiones expresas. «Manuel Muñoz Martínez, el responsable de la Dirección General de Seguridad, no quiso liberarle alegando que 'estaba más seguro en la cárcel'. ¡Pero de allí le sacaron para matarle!», finaliza.Valentín Tornos, el famoso intérprete que dio vida a Don Cicuta en el programa 'Un, dos, tres… responda otra vez', es otro de los actores sobre los que Corral ha puesto el foco. El periodista explica que ha hallado documentación que le implica en la represión que se vivió en la capital: «Antes del conflicto ya era actor. Cuando estalló la Guerra Civil participó en la represión al detener a un joven abogado que, después, fue fusilado en Paracuellos». Corral también ha descubierto que se marchó a Huesca como policía –agente de tercera clase– en septiembre de 1936, unos meses después del estallido del golpe de Estado.«El responsable de la Dirección General de Seguridad no quiso liberar a Muñoz Seca alegando que 'estaba más seguro en la cárcel'. ¡Pero de allí le sacaron para matarle!» Pedro CorralEn su nuevo destino, afirma Corral, se le encargó la tarea de luchar de forma activa contra la llamada Quinta Columna: «Su labor era acabar con las redes que ayudaban a escapar a través de la frontera a desafectos o desertores». Su vida, dice Corral, fue digna de una película. «Tras la Guerra Civil se exilió a Francia aunque, tras pasar la frontera, fue internado en un campo de concentración galo en 1939. Aunque estuvo a punto de morir de neumonía, escapó y empezó a colaborar con los alemanes primero, y con los aliados después. Fue una historia tremenda que contó a medias durante el franquismo», advierte.Cómicos en guerra Editorial La EsferaCon la Quinta Columna se relaciona otro de los descubrimientos de Corral, aunque también con una compañía de teatro estudiantil tan popular como La Barraca. «Dirigida en su etapa inicial por Federico García Loca , actuó el primer año de la guerra ante unidades militares destacadas en el frente para amenizar su descanso», arranca el autor. Tras zambullirse en la documentación, ha descubierto que Manuel Balgañón Márquez, el secretario general de la Federación Universitaria Escolar (FUE) y el encargado de concertar los bolos de La Barraca, tenía una doble vida. «Utilizaba toda su actividad como tapadera para encubrir a una organización quintacolumnista amparada en la Escuela Central de Ingenieros. Bajo su protección se acogieron centenares de derechistas que trabajaban para la causa franquista en la retaguardia republicana», advierte.La conclusión de Corral es que el teatro no fue trinchera, sino refugio de unos y otros. Todavía queda mucho por descubrir, afirma, pero este es un buen comienzo. Pasen y lean.