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El Mundo ·

Un populista ante el Guernica

Resumen

El presidente distribuyó ayer un vídeo en las redes sociales. Aparece en solitario ante el Guernica en un museo vacío para presentar el 29-N como una elección binaria entre «razón» o «barbarie». Lo de siempre: el adversario como amenaza moral y el destino de Sánchez como parte de la Historia. Se trata también de subrayar la dimensión global del personaje y, por extensión, de los comicios, en los que estaría en juego el líder de la resistencia frente al trumpismo y la fuerza bruta.

El presidente distribuyó ayer un vídeo en las redes sociales. Aparece en solitario ante el Guernica en un museo vacío para presentar el 29-N como una elección binaria entre «razón» o «barbarie». Lo de siempre: el adversario como amenaza moral y el destino de Sánchez como parte de la Historia. Votar contra Vox. Se trata también de subrayar la dimensión global del personaje y, por extensión, de los comicios, en los que estaría en juego el líder de la resistencia frente al trumpismo y la fuerza bruta. Un mundo sencillo, los buenos contra los malos. Cuando convocó las elecciones, el periodista italiano Aldo Cazzullo lo anticipó en Corriere: «Lanzará una campaña populista, dirigida a las calles, acusando tanto al PP como a Vox de estar al servicio de la internacional de derecha liderada por Donald Trump». Para la prensa internacional parece bastante sencillo distinguir a un populista cuando es de derechas, pero mucho más difícil si es socialdemócrata, guapo y europeo. Ni la importación de la política sentimental del kirchnerismo y el Grupo de Puebla ha sido suficiente para dejarlo claro. Tres crisis asuelan España: nacional, institucional y material. Sánchez ha sido el líder más divisivo que ha padecido el país desde la restauración de la democracia. El Guernica llegó en 1981 y era desde entonces un símbolo compartido de la reconciliación entre los españoles. Como escribía David Mejía, «el sanchismo no nos ha separado en lo ideológico, sino en lo moral». La doctrina del muro conduce a la deslegitimación radical del rival político, excitada a través de las guerras culturales y la fanatización de la conversación pública. La polarización es la herramienta para conservar el poder y acomodar la idea de España a la continuidad del presidente. La consecuencia es la crisis del proyecto común, de la nación como comunidad política, materializada ahora en el abandono de Ceuta. Esa dinámica frentista cristaliza ante el 29-N en la concertación en el Senado con la captura del Constitucional al fondo, un movimiento de profundidad estratégica que deja atrás el 78. Sánchez salió del programa de Broncano entronizado como líder único de la izquierda: el incentivo para concentrar el voto en el PSOE es fortísimo. El verdadero objetivo está en el movimiento especular que inevitablemente provocará en la derecha, con el que pretende acelerar la percepción de que Vox reemplaza al PP. Sánchez también es el más aplicado alumno europeo del spoils system de Andrew Jackson, el presidente norteamericano pionero del populismo: «Al vencedor le corresponde el botín del enemigo». La ocupación partidista de las instituciones y la colonización sistemática del Estado responden al mismo sentido patrimonial del poder que está detrás de la insólita sucesión de escándalos familiares y causas por corrupción que implican a sus colaboradores más cercanos. El resultado es una crisis de confianza en las instituciones. La fractura social facilita presentar los controles democráticos como obstáculos que intentan derribar al presidente: Sánchez ha entendido que el conflicto permanente moviliza. La otra carga de profundidad estratégica ante el 29-N es el enfrentamiento por la ley de nietos, también alegóricamente apelada por el cuadro de Picasso. Los españoles acudirán a las urnas bajo la sombra de una sospecha sobre la limpieza del sistema electoral. El problema vendrá después: el perdedor tendrá un argumento para cuestionar el resultado. Por último, Sánchez ha aprovechado la bonanza económica para engordar bolsas clientelares y clases pasivas, al precio de exprimir a la población activa con una subida de 11 puntos de la presión fiscal. La inmigración y los fondos europeos alimentan las cifras macroeconómicas, pero en ocho años de sanchismo se ha roto el puente entre el crecimiento y el bienestar de los ciudadanos: los alquileres se disparan, la inflación se consolida y la productividad se estanca. El presidente va a la televisión pública a presumir de su «vida sexual activa» mientras el salario neto ha decrecido un 3% durante su mandato y los españoles se asfixian. Acierta Madueño: "Sus ínfulas son nuestros problemas". Esta es la crisis que más duele: la material. Las tres crisis se conectan porque la crispación deliberadamente inducida impide abordar las reformas estructurales que España necesita. El populismo se paga. Todos los malestares convergen en el carácter constituyente de las elecciones del 29-N. Es comprensible que una parte del electorado reclame una impugnación total del orden político y cultural. La verdadera victoria sería conseguir una mayoría capaz de restaurar las instituciones y reconstruir la nación cívica. Como dice hoy Cayetana Álvarez de Toledo en su casa de EL MUNDO: «No quiero revancha, quiero reconciliación y reconstrucción». Que el Guernica vuelva a ser de todos.