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Rahm y Rai, duelo de contrastes

Resumen

Jon Rahm ha vuelto a subir al podio de un major tres años después: segundo en el PGA Championship. Su regreso a los puestos de honor en un evento tradicional coincide en el tiempo con el naufragio de la superliga LIV como negocio deportivo, ese invento creado a golpe de talonario para competir contra el golf clásico. Al final, la tradición sobrevive y las burbujas explotan. No sabemos si la mejora de Rahm en un grande tiene alguna relación con el hundimiento del barco saudí, pero el caso es que el español volvió a recordar, por momentos, al campeón que ocupó el número uno mundial y conquistó el US Open y el Masters de Augusta, antes de elegir el camino inverso a la gloria.

Jon Rahm ha vuelto a subir al podio de un major tres años después: segundo en el PGA Championship. Su regreso a los puestos de honor en un evento tradicional coincide en el tiempo con el naufragio de la superliga LIV como negocio deportivo, ese invento creado a golpe de talonario para competir contra el golf clásico. Al final, la tradición sobrevive y las burbujas explotan. No sabemos si la mejora de Rahm en un grande tiene alguna relación con el hundimiento del barco saudí, pero el caso es que el español volvió a recordar, por momentos, al campeón que ocupó el número uno mundial y conquistó el US Open y el Masters de Augusta, antes de elegir el camino inverso a la gloria.

En este periodo que alcanza ya la tercera temporada, Rahmbo ha tenido destellos muy puntuales en los majors, con otros tres top-10, séptimo en el British 2024 y el US Open 2025, y octavo en el PGA 2025, aunque ha ofrecido con más asiduidad una imagen pobre, lejana a la gran estrella que fue y pretende volver a ser. Durante la semana pasada ha asomado otra vez el gran Rahm, y hasta le vimos liderando el único major que falta en el golf español cuando arrancó la última manga como un cohete, antes de desinflarse en la segunda mitad.

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La antítesis llegó a través del jugador que le batió, un inesperado campeón de 28 años, el inglés de origen indio Aaron Rai, que nunca había acabado entre los diez primeros de un grande en sus 12 participaciones anteriores. Sus dos guantes negros o las fundas de sus hierros rememoran simbólicamente sus modestos inicios. Rai ha demostrado cómo en el golf, y en el deporte en general, la meritocracia abre la puerta a cualquier inspirado soñador. Es el retrato de la normalidad. Una imagen que contrasta con las ligas de estrellas infladas a base de billetes.

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