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El Mundo ·

Sánchez busca 570.000 votantes 'fantasma' para salvar a Montero del abismo el 17-M

Resumen

El PSOE sueña con ser Sergio Ramos en el minuto 93 de la final de Champions celebrada en Lisboa. Está descontada la victoria del rival, en este caso del PP, nada apunta a una remontada, pero ellos dicen que creen, pese a que las cuentas convierten la fe en un tiro que no va a portería. Las encuestas sitúan a los socialistas, en su mejor pronóstico, repitiendo los 30 escaños actuales en el parlamento andaluz. "No hay nada escrito"; "hay partido y vamos a jugar hasta el minuto 90", se arengan.

El PSOE sueña con ser Sergio Ramos en el minuto 93 de la final de Champions celebrada en Lisboa. Está descontada la victoria del rival, en este caso del PP, nada apunta a una remontada, pero ellos dicen que creen, pese a que las cuentas convierten la fe en un tiro que no va a portería. Las encuestas sitúan a los socialistas, en su mejor pronóstico, repitiendo los 30 escaños actuales en el parlamento andaluz. "No hay nada escrito"; "hay partido y vamos a jugar hasta el minuto 90", se arengan. Hay una estrategia prioritaria: movilizar 570.939 votantes fantasma, que desaparecieron en los comicios andaluces de 2022 (888.325 votos para el PSOE) y aparecieron en las generales de 2023 en esta comunidad (1.459.264 papeletas para el puño y la rosa). De ahí que el partido esté obsesionado en levantar del sofá a estos votantes y que Pedro Sánchez se implique de manera personal e intensa -tres actos en una semana- ante el abismo al que se asoma María Jesús Montero, la que fuera vicepresidenta primera hasta hace unos meses, y a la que envió a Andalucía a una misión imposible. La búsqueda se acrecienta a medida que pasan los días. El PSOE, tradicionalmente, suele mejorar en la semana final de campaña porque es cuando su votante se enchufa, pero, en esta ocasión, es difícil tener posesión de balón. Las malas perspectivas son un consenso de toda la demoscopia y fuentes socialistas conocedoras de la campaña admiten que si mantienen los 30 parlamentarios que ya logró Juan Espadas en 2022, el peor resultado histórico de la formación en Andalucía, ya sería motivo para presentar las urnas como un logro para ellos. En realidad, como admiten cargos y dirigentes del partido, su verdadero éxito y objetivo es que Juanma Moreno no logre la mayoría absoluta y dependa de Vox para formar Gobierno. "No se puede quedar nadie en casa, hay que movilizarse", es la consigna que se traslada desde la dirección socialista. Hay un miedo del que son conscientes en el PSOE y que tratan de combatir: el desánimo. Mientras el PP pelea contra la relajación de una victoria segura, los socialistas lanzan mensajes a los suyos tratando de motivar a ese medio millón de votantes fantasma que les supondría un trascendental salto en sus resultados y contra la sensación de que las cartas están ya repartidas y el síndrome del sofá que puede apoderarse de sus votantes. De ahí que en la campaña haya apelaciones directas: "Luego no vale protestar si no se acude a las urnas"; "Quienes quieren salvar los servicios públicos tienen que activarse". Y el primero en movilizarse va a ser Sánchez. El presidente del Gobierno y secretario general socialista se enfunda el traje de candidato y en la última semana participará en tres actos: el domingo pasado estuvo en La Línea; el miércoles acudirá a Granada; y el viernes estará cerrando campaña en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla (Fibes). Quienes están en la trastienda de la campaña explican que Sánchez es un elemento movilizador, por las filias y fobias que genera, activa al electorado socialista. Sus tres actos en la última semana no tienen precedente en el ciclo electoral vivido -Extremadura, Castilla y León y Aragón- y prueba que Andalucía es la prueba del algodón, una suerte de primera vuelta de las generales. Saben en La Moncloa que la vinculación y poder que tuvo Montero en el Gobierno hace de los comicios un plebiscito sobre el Ejecutivo. También se la juega el propio Sánchez, que fue quien decidió la estrategia de los ministros candidatos en las comunidades. La palanca del PSOE andaluz ha sido marcar distancia con la estrategia del miedo a Vox y que la defensa de la sanidad pública sea la chincheta que haga levantarse de la silla a sus votantes. "Vamos a centrar los esfuerzos en convencer a los abstencionistas. Hay mucha gente cabreada con el funcionamiento de los servicios públicos en Andalucía, independientemente de si le gusta nuestra candidata o no", inciden en el equipo de Montero. "Lo tenemos difícil, es verdad, pero en el pasado ya hemos remontado las encuestas. Se nos dan bien las campañas", añaden. Juicio a Ábalos En ésta, sin embargo, ha impactado de lleno el juicio al ex ministro José Luis Ábalos por presuntamente liderar la trama de cobro de mordidas en la compra de mascarillas durante la pandemia, y, sobre todo, los pasajes suyos y de Koldo García con prostitutas y novias. "Los casos de corrupción no ayudan", reconoce un dirigente del partido. "Nuestro votante pone el listón de la dignidad muy alto y eso nos enorgullece", añade confiando en que, en todo caso, la causa que afecta al también ex secretario de Organización de los socialistas esté ya amortizado -como sostienen en la dirección nacional- y no les penalice. A esto se une la muerte el pasado viernes en Huelva de dos guardias civiles mientras perseguían una narcolancha, lo que ha reavivado las denuncias por la dotación de recursos de las fuerzas de seguridad en la lucha contra los narcos. La propia Montero sufrió los reproches cuando asistió en solitario al funeral de los dos fallecidos y fue recibida al grito de "fuera de aquí" cuando iba a trasladar su pésame a las familias. Hay otro factor que preocupa al PSOE: la fragmentación de la izquierda a su izquierda. "Hemos intentado que fueran juntos, pero no ha habido manera. Nos puede penalizar", reconocen en el partido. De ahí la estrategia de apelar al "voto útil" que los salve de una derrota por goleada.