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El País ·

Los que decidieron atacar a la anciana: “Era una jeta. Iba al bingo”

Resumen

El caso de Maricarmen ha movilizado y removido la conciencia de todo un país, pero también ha sacado a flote lo peor de él. La mujer expulsada de su vivienda recibió odio y desdén desde el momento en que fue desahuciada de su casa hace dos semanas —lo que la convirtió en un símbolo de la crisis de la vivienda en España— hasta hace unas pocas horas, cuando se anunció que había muerto en el hospital a los 87 años de edad. La han tratado de retratar como una caradura que se aprovechaba de su edad, que fingía estar enferma. Han ido a entrevistar a sus vecinos para demostrar que no saludaba por la calle, que se gastaba el dinero en el bingo o que se quejaba demasiado cuando no funcionaba el ascensor.

El caso de Maricarmen ha movilizado y removido la conciencia de todo un país, pero también ha sacado a flote lo peor de él. La mujer expulsada de su vivienda recibió odio y desdén desde el momento en que fue desahuciada de su casa hace dos semanas —lo que la convirtió en un símbolo de la crisis de la vivienda en España— hasta hace unas pocas horas, cuando se anunció que había muerto en el hospital a los 87 años de edad. La han tratado de retratar como una caradura que se aprovechaba de su edad, que fingía estar enferma. Han ido a entrevistar a sus vecinos para demostrar que no saludaba por la calle, que se gastaba el dinero en el bingo o que se quejaba demasiado cuando no funcionaba el ascensor. Bajo el disfraz de anciana indefensa, decían, se escondía un lobo. Los jóvenes sin vivienda, organizados por el sindicato de inquilinas, se manifestaron por su desahucio el 26 de septiembre, un sábado. La marcha acabó en la Puerta del Sol, donde se instalaron con unas 30 tiendas de campaña como forma de insubordinación. La gente empezó a llegar de todas partes y la protesta tomó fuerza. En 48 horas el Gobierno aprobó dos decretos antideshaucios que después le tumbó el Congreso. El presidente Pedro Sánchez ha llamado a elecciones en medio de la convulsión general. Esto ha ocurrido en el lapso de tiempo en que la mujer, delicada de salud, se recuperaba en el hospital antes de regresar a la misma casa de la que había sido sacada a la fuerza. Los nuevos propietarios, una empresa desbordada por las muestras de solidaridad con la mujer, habían decidido devolvérsela hasta el final de sus días. Ya no va a ser necesario. Vox ha acusado hoy a la izquierda de haber utilizado a la mujer para beneficiarse políticamente, pero hace poco ellos mismos usaron su caso para expandir su odio hacia los inmigrantes. “Toda España sabe que si en vez de Maricarmen fuera Morocarmen, tendría casa”, escribió en un mensaje en redes el partido de extrema derecha. Precisamente un antiguo dirigente de ese partido, Iván Espinosa de los Monteros, se burló de ella en un pódcast al que fue invitado. La llamó “jeta” y después explicó por qué lo hacía. No se ahorró ni el golpe en la mesa que se da con los nudillos: “La solución [a su caso] es que el de Madrid, el de derechas, le va a pagar la casa a la privilegiada de Maricarmen. O sea... yo que vivo en Madrid con mis impuestos le voy a pagar el piso delante de El Retiro a Maricarmen. Es flipante”, dijo. El periódico ABC publicó una entrevista al antiguo casero de Maricarmen, Ignazio Lázaro, quien se queja de que la mujer se hubiera subrogado dos veces, cuando la ley lo prohíbe. El autor de la entrevista presenta a Maricarmen como una persona problemática y, con ironía, la define como una “heroína de los desahucios”. “Esta es la historia improbable de una santa para parte de la opinión pública que aquí se revela como una persona problemática”, se lee más adelante. A las palabras del casero se le otorgan directamente presunción de veracidad; no se las confronta con datos, hechos, ni siquisiera con otras opiniones. Un perfil periodístico que tiene en cuenta una sola voz. El autor de la entrevista, en el programa Horizonte, presentado por el periodista y ufólogo Iker Jiménez, sostuvo, esta vez sin ironía, que Maricarmen había sido elegida “en un casting” hecho este verano por el presidente del Gobierno en La Mareta, su residencia de verano. “Un casting de una mujer que sale en camilla de casa... un delegado del Gobierno que... con un sindicato de inquilinas fake que terminan acampando en Sol”, redondeó su intervención. Una gran farsa que ha terminado en el cementerio. En un pleno del Ayuntamiento de Benalmádena, en Málaga, fueron menos sarcásticos y más directos. El concejal de Vivienda, José Luis Bergillos, se refirió a ella como “una puta sinvergüenza con miles de euros en el banco”. Se hacía eco de un bulo que corría por redes: el pantallazo de una cuenta a su nombre repleta de dinero. Más tarde, Bergillos se disculpó y reconoció que había cometido un “grave error” que no refleja su forma de ser. Conste en acta. El caso ha ocurrido en Madrid y ha puesto en serias dificultades al Gobierno de Pedro Sánchez, que se ha visto abocado a convocar elecciones por los miles de jóvenes que se manifiestan en Sol. Sin embargo, las competencias en vivienda las tienen las administraciones autonómicas y locales, en este caso Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida, del PP. Ninguno de los dos ha faltado al respeto a Maricarmen; más bien se han centrado en acusar a los partidos de izquierdas de usar su caso. Ayuso se ha visto más interpelada por la crisis al haber coincidido, con apenas semanas de distancia, con que se revelase que su Gobierno compró un ático de 6,3 millones de euros para que ella lo usara como oficina y residencia ocasional. El poder y el privilegio que irradia ese caso contrasta con el de la anciana desahuciada, aunque Ayuso se haya comparado con ella varias veces porque ambas vivían de alquiler. De hecho, al insistir en esa coincidencia pareció que la presidenta banalizaba el sufrimiento de Maricarmen. El 28 de septiembre, ironizó con la posibilidad de que los inquilinos puedan quedarse sin pagar en una vivienda en función de su edad. “Que me avisen a partir de qué edad dejo de pagar y, a lo mejor, en la próxima manifestación de inquilinas me sumo”, dijo, generando revuelo. Poco después, aseguró que no había frivolizado sobre el tema y que quienes defendían lo contrario cometían “una burda manipulación”. En El Confidencial, un articulista tituló su columna Maricarmen es una jeta (y alguien tenía que decirlo), aunque en realidad Espinosa de los Monteros ya se le había adelantado. La escritora y polemista Lucía Etxebarría, Premio Planeta 2004, compartió en sus redes un reportaje de El Español que indagaba en la vida de Maricarmen en su barrio. “Aterrador”, concluyó después de leerlo. Y destacó algunos de los graves escándalos que revelaba ese reportaje, como que la mujer viajaba los fines de semana, le gustaba jugar al bingo o era franquista. Los vecinos, incluso, le tenían “miedo”. Maricarmen era un monstruo al que había que desenmascarar. Muerta y enterrada, ahora toca escribir su obituario.