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El Mundo ·

El plan electoral de Sánchez se desmorona con su escudero Puente señalado: "Su situación es ahora muy complicada"

Resumen

La vida de color de rosa cambió al negro del luto nacional. La paleta de colores plasma el síncope de la precampaña electoral. Apenas una hora después de publicarse una entrevista de Pedro Sánchez en un podcast muy seguido por los millennials, como parte de su estrategia para captar votos entre los jóvenes, se conoció la tragedia ferroviaria de Urda, con al menos 69 muertos. La hoja de ruta electoral de La Moncloa y Ferraz se desmorona.

La vida de color de rosa cambió al negro del luto nacional. La paleta de colores plasma el síncope de la precampaña electoral. Apenas una hora después de publicarse una entrevista de Pedro Sánchez en un podcast muy seguido por los millennials, como parte de su estrategia para captar votos entre los jóvenes, se conoció la tragedia ferroviaria de Urda, con al menos 69 muertos. La hoja de ruta electoral de La Moncloa y Ferraz se desmorona. Papel mojado. El accidente lo condiciona todo. Se apaga la música y el baile. El debate gira a la gestión, con el Gobierno y el ministro Óscar Puente en el foco. El ambiente y las expectativas deben reevaluarse. «Es un golpe muy duro», admiten fuentes socialistas. Hasta este jueves, los socialistas soñaban con 125-145 escaños. Una «tendencia constante» hacia arriba. Ahora ya se asume que se puede potenciar el ambiente, impulsado por la derecha, contra el que pretendían luchar con su «optimismo»: el de desalojar a Sánchez. Mientras el Ejecutivo buscaba visibilizar intendencia, en las redes sociales se convocaban concentraciones contra él. La dirección del PSOE , de hecho, pidió a los trabajadores de su sede central que la abandonasen después de comer ante el riesgo de altercados. Hasta ahora, los socialistas creían que habían logrado fotografiar una precampaña de dos bandos: «Por un lado un PP gris, triste, que sólo insulta; por otro lado, el PSOE alegre, optimista, subiendo en las encuesta...». Ante el giro, el mensaje, para tratar de sostener la palanca de la disyuntiva entre ellos o un gobierno con la ultraderecha es la defensa de los servicios públicos, su «fortaleza» en tragedias como ésta, bajo el argumento de que un gobierno de PP y Vox los recortaría. En las últimas horas, sin embargo, el marco se le ha complicado sobremanera al Ejecutivo. El choque entre los dos trenes en Urda ha coincidido temporalmente con episodios de violencia callejera en ciudades como Barcelona y Bilbao, así como el llamamiento a más movilizaciones alentando disturbios este sábado. Una circunstancia que fuentes socialistas creen que puede alentar entre la ciudadanía la sensación de «caos». A un mes de las elecciones se abre una crisis de calado, como demuestra que La Moncloa asumiera junto a Transportes la gestión de la misma. Desde el primer momento, el Ejecutivo apeló a un «error humano» como posible causa del accidente, culpando implícitamente al operario del centro de control de Adif en Atocha que dio la orden al AVE de Renfe de reemprender la marcha con normalidad cuando el Iryo seguía parado en la misma vía. Con este planteamiento, el Ejecutivo busca cortocircuitar que la conversación se centre en cuestionar su gestión, que no se les puede achacar responsabilidad. No es el mantenimiento de la vía como se constató en Adamuz, es un «error humano»; una decisión «inexplicable», en opinión de Puente. Pero la evidencia son dos tragedias en menos de un año, que han costado la vida de más de un centenar de personas. «No es asumible para un país como España sufrir dos accidentes ferroviarios de alta velocidad en un mismo año, como hemos sufrido», sentenció Pedro Sánchez, en su visita al puesto de mando levantado tras el accidente. El presidente del Gobierno canceló su agenda, también los ministros y los partidos, salvo Vox. Decretó tres días de luto nacional. Se desplazó a las 15.00 horas al lugar del accidente, mientras Puente desgranaba su actividad casi hora a hora. Objetivo: trasladar diligencia. Pero el Gobierno y Puente quedan tocados. No es sólo la precampaña y campaña del PSOE. El jefe del Ejecutivo mantuvo al ministro tras la tragedia de Adamuz. Es uno de sus escuderos políticos, uno de los miembros que dice lo que no puede Sánchez y que «siempre pone la mejilla». En sectores del Gobierno y el PSOE se pone en valor que Puente «siempre da la cara», «da explicaciones» y está «al pie del cañón». Pero en el Ejecutivo y el partido también hay reticencias respecto a su perfil y manera de proceder y actuar, sobre todo en las redes sociales. «Una de las cosas más sensibles de un Gobierno y un país es el transporte...», exponen fuentes gubernamentales, poniendo en cuestión implícitamente su elección como ministro de esta cartera. «Gobernar un país es algo muy serio y posiblemente incompatible con otras tareas», señala un alto cargo del Ejecutivo, en clara alusión a su prolijo desempeño como tuitero. El ministro no dio ni siquiera el más mínimo pábulo este miércoles a abrir el debate sobre su dimisión. En el Gobierno saben que hacerlo ahora supondría admitir que la culpa es suya. Ponerse el foco ellos mismos en la cara. Y la explicación, en estos primeros compases, pasa por que fue un «error humano». Puente, por las preguntas de los periodistas y sus respuestas, se había colocado en las quinielas como posible sucesor de Sánchez llegado el momento. «Su situación es ahora muy complicada», resume un destacado socialista, con cargo y experiencia en el Gobierno. «El ciudadano medio sabe que lo que ha pasado no es porque gobierna Sánchez», defienden desde el núcleo más afín al líder socialista. «A la sociedad hay que tratarla como adulta». En su declaración institucional, sin preguntas de los medios, Sánchez se comprometió a «llegar hasta el final» de la investigación «y si ha habido negligencias se sabrá, y si ha habido fallos en el sistema de seguridad se responderán con total contundencia». En el Gobierno saben del daño en la confianza en el sistema ferroviario que llevan aparejadas estas tragedias.