Un cielo despejado y una tarde de toros para espantar el hantavirus
ResumenLa tarde prometía lluvia, pero a las cinco de la tarde el cielo se abrió como un telón y ya todo era toros y sol: excusas para la alegría. «Se ha quedao buena tarde, como para que venga el Papa», dijo un hombre, que a ... esa hora vigilaba Las Ventas desde su gintonic. Al rato, un chaval soltó: «Mira qué cielo, esta tarde es para los que no creían».
La tarde prometía lluvia, pero a las cinco de la tarde el cielo se abrió como un telón y ya todo era toros y sol: excusas para la alegría. «Se ha quedao buena tarde, como para que venga el Papa», dijo un hombre, que a ... esa hora vigilaba Las Ventas desde su gintonic. ¿El Papa a Madrid o a los toros? ¿Aquello era un milagro o qué era? Al rato, un chaval soltó: «Mira qué cielo, esta tarde es para los que no creían». Amanecimos en Londres y atardecimos en el Madrid de siempre. Y no importó que el primero de San Isidro se llamara Ventoso. «Qué buen toro», zanjó un veterano con prismáticos. Otro matizó: «No es muy malo». Siempre hay alguien dispuesto a matizar, a calmar la euforia, a tener razón. La previa fue un poco lo de siempre, la felicidad de las costumbres que sobreviven: terrazas llenas, Alcalá convertida en Gran Vía, bolsas térmicas para enfriar la cerveza o lo que surja, reencuentros, camisas abiertas, sonrisas, colas en los estancos, puros. La fiesta y el humo van juntos, y esto, en pirueta, tal vez nos lleve hasta las guerras más antiguas... «¿Has vuelto a fumar?», le preguntaba un señor a otro en la grada del tres, entre risas de complicidad y ya sabes que sí. Y sin esperar la respuesta: «¿Nada que decir de Morante?» . Pero el otro regateó: «Oye, que ha vuelto el virus, el hantavirus. Estamos ya casi con la mascarilla, eh». «Pues este es mi sitio, aquí me hice fuerte el año pasado y aquí estoy». Había un carpe diem ahí, como si la almohadilla acolchara este mundo, cada vez más incómodo. Si hay que esperar una pandemia, suponemos, mejor con sombra en Las Ventas y nalga sobre blando… La vida cañón.Hubo cariño en el primero y el último para Tristán Barroso, que confirmaba la alternativa. También consejos: «No te emborraches». O: «Por favor, mátalo bien». «Si lo tienes hecho ya…» No redondeó las faenas, pero el veredicto fue positivo: «Buena imagen». Noticia relacionada general No No Borja Jiménez: «Sé que voy a sufrir mucho con los seis toros de Madrid» Rosario PérezLa amabilidad se acabó con el segundo, Encendido, que no gustó nada. Un optimista depositó su esperanza en el tercero: «Ahora viene Juan Ortega, coño». Pero no duró esa luz, esa fe. «Qué toro, no tiene nah: ni casta ni fuerza ni nah», dijeron de Niñato. Un señor bostezó, otro respondió un mensaje de trabajo, quiero decir, de teletrabajo: ha llegado hasta aquí. Como no gustaban los toros, tocaba eso, la vida . «¿Ha venido tu primo?» «¿Y la novia?» «Yo creo que se va a arriesgar, que además el marido…». Había una novela empezando en ese momento, pero los pitos la espantaron. «Hoy no hay toros buenos, solo menos malos». Fue decir eso y el tercero se sentó. «Vamos a peor». «Despáchale ya». Pero no fue ya, y la impaciencia fue cabreo.En el burladero estaba Ortega Cano, que posó con su hedonismo de estar de vuelta de muchos sitios. A José María Garzón, el nuevo empresario de la Maestranza, lo felicitaban por la Feria de Abril. Fermín Bohórquez estaba en el callejón con Simón Casas…Talavante levantó a la plaza con el cuarto, Ganador, que iluminó la tarde y la vida de alguno: «Con qué fuerza ha salido el toro, parece una moto, madre mía». Un novato se quedó fuera, por ir al baño. «A ver si iba a ser tu amigo, que era el gafe, ahora viene lo bueno», soltó un señor, con esa voz de los que predicen los cambios de tiempo con los huesos.Había ganas de disfrutar, y se disfrutó, y como se disfrutó sonó un «¡Viva España!». « Talavante le está dando tiempo y reposo , que es lo que necesita el toro… Esto ya justifica la tarde», dijo un hombre, antes de que lo matara. «Talavante está como antes de retirarse». No dijo nada el indignado que en el segundo sentenció: «Parece un zoquete andando». Pues eso: vuelta al ruedo y Puerta Grande. En la grada del tres gustó el quinto, Encumbrado, y también Juan Ortega, aunque no había unanimidad. Cuando entró a matar alguien gritó: «¡Pedro Sánchez!» Y lo acallaron, espantando, tal vez, la actualidad, que no siempre es bienvenida.