Recordar la crianza de tu bebé con una joya hecha de leche materna, placenta, cordón umbilical, pelo...
ResumenLos recuerdos de la infancia y la crianza de un hijo ahora pueden no ser olvidados nunca. Empresas de joyería hacen del cordón umbilical, del cabello del bebé, de la placenta, de la leche materna o incluso de las propias cenizas una memoria imborrable: ... desde anillos a collares fabricados a partir de estas muestras. Elena Paz, madre de dos niños, es una de las que ha tomado la decisión de encargar una de las piezas.
Los recuerdos de la infancia y la crianza de un hijo ahora pueden no ser olvidados nunca. Empresas de joyería hacen del cordón umbilical, del cabello del bebé, de la placenta, de la leche materna o incluso de las propias cenizas una memoria imborrable: ... desde anillos a collares fabricados a partir de estas muestras. Elena Paz, madre de dos niños, es una de las que ha tomado la decisión de encargar una de las piezas. «Está hecha de vida», dice en declaraciones a ABC. Su anillo contiene su leche materna, un fragmento de sus cordones umbilicales, «el primer vínculo» que les unió, y los primeros mechones de sus hijos: «porque en él vive el recuerdo». Para ellas es más que una joya, es la «historia de dos vidas» que la cambiaron, es «el recuerdo de todo lo que fuimos».«Tesoros de Vida», en Granada, es uno de los proyectos que elaboran estas piezas maternales . Su fundadora, Laura González Reyes, habla del nacimiento de su iniciativa: «Te das cuenta de que el tiempo, cuando tienes niños, pasa muy rápido» y surge la necesidad de «guardar una etapa que forma parte de tu trayectoria». González Reyes admite que ha habido un crecimiento exponencial desde que empezaron en 2018. Según ella, las familias se han dado cuenta de que quieren conservar esa pequeña parte de su historia. «Más que como joya es como recuerdo. Es más que una moda», dice la empresaria. Ella asegura estar completamente volcada con el relato que le comparten sus clientas: «Cuentan su testimonio y quieres guardar ese argumento». Además, ellas no son las únicas que están interesadas por estos servicios. Resulta que hay padres que también quieren que las madres de sus hijos recuerden la etapa y les regalan estas piezas personalizadas.El taller de Laura, además, trabaja con test de embarazo, es decir, algunas de estas piezas llevan consigo el instante en el que un positivo confirmó que una nueva vida estaba en camino. Igualmente, las elaboran con cenizas: «dentro de su propio proceso de duelo les ayuda a encontrar una manera de dar un lugar físico a la pérdida». Una familia quiso conservar las cenizas de su abuelo, gran amante de la pesca, así que «nos pidieron un anzuelo en el que encapsulamos parte de sus restos mortales», recuerda.En general, la mayoría trabajan con leche materna, cordones umbilicales o pelo pero otras también las elaboran incluso con dientes de leche o los primeros dibujos. Su proceso, realmente, da comienzo con el envío del fragmento escogido. En el caso de la leche materna, basta con introducir una pequeña cantidad en una bolsa de conservación, precintarla y protegerla para que llegue en buenas condiciones y mandarla por correo o mensajería. Los mechones de pelo se envían humedecidos y envueltos en papel de aluminio para evitar que se separen, mientras que el cordón umbilical puede remitirse todavía unido a la pinza. Para fabricar la pieza se usa únicamente un pequeño fragmento y el resto se devuelve a la familia.La técnica detrás del resultadoPero, ¿cómo acaba uno de estos fragmentos en un anillo? El llamativo resultado requiere un proceso previo. No se introduce la muestra directamente en el anillo. Dependiendo del material, este debe ser tratado y conservado de una forma u otra antes de incorporarse a la pieza. La leche materna, por ejemplo, se somete a ciertos procesos de deshidratación y conservación, de manera que luego se puede juntar con la resina, que endurece semanas más tarde y forma la parte blanca que se ve finalmente en el resultado del colgante o anillo. El material resultante se convierte en una especie de polvo o pigmento, por eso puede parecer una piedra a simple vista. En el caso del cabello, la materia no cambia. El pelo sigue siendo pelo. Seleccionan unos pocos mechones, los colocan formando una figura y los encapsulan dentro de la resina transparente. Algo así como congelarlos visualmente dentro de la joya. Para el cordón umbilical , sin embargo, se usa un fragmento muy pequeño de cordón seco. Está la opción de triturarlo e incorporarlo a la resina o bien colocar una parte directamente. Algo parecido ocurre si se entrega un diente de leche. Dependiendo del diseño, pueden añadirse pequeños fragmentos o polvo del diente en la pieza. También hay negocios donde conservan el diente entero, aunque eso ya es más inusual.A diferencia de otros centros, «Tesoros de Vida» no usa resina ni se basa en el proceso de deshidratación, sino que trabaja con otro procedimiento: «Cuando recibimos las muestras la mezclamos con una serie de conservantes, muy poquita cantidad, y luego la liofilizamos. Pasa directamente de la congelación al polvo, como la leche de fórmula pero con una serie de conservantes que perduran dentro de la joya, también un polímero, pero en nuestro caso no es resina».Una vez se solicita la joya, su preparación y envío se elabora en unas 4-5 semanas. Aunque mayoritariamente las madres mandan sus muestras una vez la lactancia ha concluido, existen algunos casos donde la espera ha sido sorprendentemente mayor: «Una mamá nos dijo que llevaba más de 30 años guardando el cordón umbilical », comparte González Reyes.Siempre hemos guardado recuerdosLa misma empresaria argumenta que la necesidad de guardar recuerdos , a pesar de que parezca una moda, «ha existido siempre». Nuestros padres y abuelos «ya conservaban mechones de pelo, fotografías o alguna prenda de cuando éramos pequeños». Entonces, esa necesidad de atesorar algo especial es una etapa que ha existido siempre. Y ahora «lo puedes llevar encima, guardado en una joya siendo algo que es irremplazable, es decir, es único, solamente suyo».«Es mi joya más especial sin duda» Elena Paz Compradora de uno de los adornosElena encontró una de las empresas a través de su comunidad de seguidores, vio que de esta manera le podía dar uso a la leche que tenía almacenada en bolsas en su congelador. Le daba «pena» deshacerse de ellas porque era «oro líquido» , llamado de esta manera debido a su incomparable valor nutricional e inmunológico.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Cristina Martínez Gijón «Con seis hijos he aprendido que en vacaciones no hace falta tenerlo todo controlado» noticia No El consejo de la jefa de psiquiatría del Niño Jesús: «Nunca dejes de hablarte con tu hijo adolescente» noticia Si El hábito que muchos padres olvidan enseñar a sus hijos antes de ir a la playa o al campamento noticia Si 'Apps' que desafían al instinto maternal y dan el control a madres primerizas Ahora que está en la lactancia de su segunda hija de un año, está segura de que lo hará también con ella. La leche, que «ha alimentado a mis dos bebés y ha sido su refugio», ahora es su gran amuleto: «Cada vez que me la pongo me trae muchísimos recuerdos», tantos, que se ha convertido en su «joya más especial, sin duda». Su primer hijo ya tiene cuatro años y le encantaría que, en un futuro, ya que es un «recuerdo precioso para cerrar esa etapa tan bonita», las tuviera para él.