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Juanma Moreno: "Una mayoría en Andalucía dará centralidad al cambio en España"

Resumen

El candidato a la reelección en Andalucía, Juanma Moreno, llega al final de la campaña convencido de que, si el PP vuelve a superar la barrera de los 55 escaños, no sólo lograría la estabilidad que necesita para evitar «los líos» con Vox, sino que su éxito supondría «un golpe definitivo» para el Gobierno de Pedro Sánchez y su «huida alocada hacia delante». ¿El gran enemigo del PP de Andalucía en estas elecciones es el exceso de confianza?Sin duda. Ahora mismo hay cuatro o cinco provincias donde el último diputado se decide por muy pocos votos. Además, las reiteradas equivocaciones de nuestros principales adversarios -en particular, de la señora Montero- han generado una falsa sensación de que la victoria estuviera asegurada.

El candidato a la reelección en Andalucía, Juanma Moreno, llega al final de la campaña convencido de que, si el PP vuelve a superar la barrera de los 55 escaños, no sólo lograría la estabilidad que necesita para evitar «los líos» con Vox, sino que su éxito supondría «un golpe definitivo» para el Gobierno de Pedro Sánchez y su «huida alocada hacia delante». ¿El gran enemigo del PP de Andalucía en estas elecciones es el exceso de confianza?Sin duda. Ahora mismo hay cuatro o cinco provincias donde el último diputado se decide por muy pocos votos. Además, las reiteradas equivocaciones de nuestros principales adversarios -en particular, de la señora Montero- han generado una falsa sensación de que la victoria estuviera asegurada. Y no es así. Que al PSOE le vaya mal no significa automáticamente que el PP alcance la matrícula de honor. Podemos obtener un magnífico resultado, ganar amplísimamente las elecciones, y, aun así, no llegar a los 55 escaños.¿Cuáles son esas cuatro o cinco provincias de foto finish?Estamos en una batalla por el último diputado en Córdoba, Huelva, Cádiz, Málaga o Sevilla. El resto está más estable. Y de que esas provincias caigan del lado del PP depende que apuntalemos la mayoría absoluta.¿Cuánto van a marcar las elecciones andaluzas el futuro nacional y el camino hacia las generales?Tendrán repercusión nacional, sin duda. Andalucía es la tercera economía de España y la comunidad más poblada del país. Lo que ocurre aquí tiene un impacto directo en la política nacional, sin duda. Si el señor Sánchez obtiene un mal resultado, es más que probable que empiece a pensar en próximas fechas electorales y en nuevas estrategias, porque sus espacios se habrán achicado de una manera muy traumática para él y sus intereses.¿Por qué? ¿Cree que el PSOE puede rebelarse contra Sánchez?Porque culminaría un ciclo electoral de derrotas. Ha perdido en Extremadura, en Aragón y en Castilla y León, y ahora podría perder en Andalucía, que fue uno de los bastiones históricos del Partido Socialista. Y probablemente podría hacerlo con el peor resultado de su historia. Es una señal inequívoca de una tendencia a la baja, de un debilitamiento de sus estructuras y de pérdida de confianza del elector. Es muy difícil remontar eso. Muchos dirigentes socialistas, especialmente alcaldes y alcaldesas, van a preguntarse qué les sucederá a ellos cuando lleguen sus elecciones dentro de un año.¿Le parece que Sánchez está haciendo campaña para sí mismo?¡Sí! Tengo la sensación de que a Sánchez nunca le ha importado realmente la señora Montero. Utiliza a sus candidatos para amarrar el partido y las estructuras territoriales. Pero es evidente que ya está pensando en él. En el mitin que vi ayer [miércoles] marcaba distancia física con Montero: no sólo en el discurso, a nivel verbal, sino incluso físicamente. Creo que considera que esta candidatura no ha sido óptima y quiere evitar el efecto contagio de la derrota.¿Estas elecciones son una primera vuelta de las generales?No. Son unas elecciones autonómicas de Andalucía. De Andalucía y para Andalucía. Ahora bien, tienen un impacto nacional evidente. Un impacto total. Esa misma noche, si el resultado es malo para el PSOE y bueno para el PP, habrá gabinete de crisis en la Moncloa. Una derrota severa en Andalucía sería un golpe final a esta carrera alocada, a esta huida hacia delante del Gobierno de Sánchez.Zapatero ha participado activamente en esta campaña pese a estar en el ojo del huracán por posibles investigaciones judiciales. ¿Qué le parece su papel?Me parece una provocación traer al señor Zapatero a la campaña, por dos razones. Primero, porque fue el presidente que nos introdujo en la peor crisis social y económica de la historia democrática de nuestro país, con recortes muy duros en pensiones, funcionarios y planes sociales. Y segundo, porque lleva meses bajo la observación directa de la opinión pública, de los medios de comunicación y no sabemos si también del ámbito judicial. Hay dudas en torno a algunas de sus actuaciones en ese lobby que ha creado con distintos países, e intereses cruzados. Y eso tiene muy mala pinta.¿Cuánto peso han tenido en esta campaña la corrupción y el juicio de las mascarillas de Ábalos?He decidido encapsularlo todo en lo andaluz. No he hablado de corrupción durante la campaña porque creo que es algo que está descontado. El 99% de la población sabe ya que hay corrupción en el corazón del Partido Socialista y en el corazón del Gobierno. Dos secretarios de Organización, dos de las personas más influyentes y poderosas del aparato socialista, han pasado ya por la cárcel y están pendientes de sentencia.Si los «restos» de los que hablaba antes no caen del lado del PP, Vox ya ha dicho que no se abstendrá y que exigirá lo mismo que en otras autonomías, la llamada «prioridad nacional». ¿Se puede gobernar con ellos así o habría repetición electoral?La repetición electoral es el último de los recursos. Vox cometería un enorme error, el error final, si nosotros ganamos clara y contundentemente y se atreve a no abstenerse en la investidura. Si hace eso, llegará a las generales completamente debilitado. Lo que Vox está pagando en estas elecciones, en términos de ralentización electoral, es precisamente el bloqueo. Cuando un partido se vuelve inútil o bloquea -como ha ocurrido durante meses en Extremadura, o cuando precipita elecciones a los dos años de una legislatura- empieza a generar desconfianza. Si encima lo hace en Andalucía, la factura electoral será muy importante. Tendrán que pensárselo mucho, mucho, mucho.¿Tendría que abstenerse otro partido?¿Otro partido? ¿El PSOE? La señora Montero ya ha dicho que bajo ningún concepto se abstendría. Además, el Partido Socialista está en el frentismo, en el antagonismo, en la división. Mientras Sánchez exista y el sanchismo sea la corriente imperante en el PSOE, esa fórmula no es posible ni viable.Entonces, para usted, ¿o mayoría absoluta o el lío? O la mayoría absoluta o el lío. Pero el problema no es el lío para mí; yo lo asumiría. El problema es el lío para los andaluces. Imagine que un presupuesto de 53.000 o 54.000 millones de euros dependa de la decisión de un señor que vive en Madrid, que no es andaluz, que no conoce Andalucía y que, de manera caprichosa, pueda decidir sobre las necesidades de los ciudadanos andaluces. Vox en Andalucía no tiene autonomía. Ni aquí ni en ninguna parte de España. Es un partido completamente jerárquico. Resulta muy impactante que la tercera economía de España tenga que estar condicionada por un agente externo. Una orden de Madrid ya tumbó el presupuesto.La señora Montero dice que las políticas del PP y de Vox son indistinguibles. ¿Qué le contesta? ¿Qué diferencias subraya usted?Le contesto que le hacen falta unas gafas para ver la realidad política con más sensatez y certeza. Vox y el PP son muy diferentes en muchas cosas. También tenemos posiciones parecidas. La prioridad nacional es un eslogan de campaña. Vox tiene capacidad para acuñar eslóganes eficaces, pero por encima de cualquier eslogan está una ley orgánica del Estado: el Estatuto de Autonomía de Andalucía, que es imperativo y no se puede vulnerar. Otro ejemplo son las políticas de igualdad. No entiendo por qué Vox votó en contra de que concediéramos una ayuda a los huérfanos, víctimas de violencia de género, hijos de mujeres asesinadas. No lo puedo entender. Eso, evidentemente, nos aleja.Usted lleva ya siete años y medio en el cargo. Ya no es una novedad. ¿Cómo resumiría el cambio social que usted ha representado después de 37 años de Gobierno socialista y qué proyección de futuro tiene?Lo resumiría como un cambio de mentalidad. Más allá de los logros -más empresas, más dinamismo, más industria, más tecnología, una Andalucía más pujante, cinco años bajando el paro-, lo esencial es que los andaluces hemos tomado conciencia de nuestras potencialidades. Sabemos que podemos competir entre las tres primeras comunidades, estar en el podio. Ese nuevo orgullo andaluz es probablemente el cambio más importante. Creo que se ha producido un clic, un cambio de mentalidad que traerá una nueva Andalucía más emprendedora, más competitiva, con más progreso y mejor preparada para el mundo actual. A. DI LOLLI ¿Cómo hace para estar ajeno a las corrientes de polarización que dominan el sistema político? Intento encapsularme. Hace tiempo un profesor de la Universidad de Málaga me dijo algo que me llamó la atención: «Eres uno de los últimos exponentes de una cultura política distinta a la imperante, y tienes no sólo la responsabilidad de gestionar Andalucía, sino de demostrar que la cultura política de la Transición -la concordia, el respeto al adversario- no es pasado, sino futuro, y tiene viabilidad hoy». Él me decía que el experimento andaluz era muy importante: si conseguimos una mayoría social desde el carril central, desde un estilo político distinto, eso significará que se puede aplicar en otros territorios de España e incluso de Europa. Por eso yo intento no caer en la tentación de las dinámicas que muchas veces alimentan los medios o la propia sociedad: la confrontación, la sangre, el conflicto. La moderación puede ser aburrida en términos informativos, pero es muy efectiva en términos de convivencia. Y quiero preservar la convivencia de los andaluces. Si el domingo se repite su gran mayoría, ¿qué aportaría al proyecto nacional de Núñez Feijóo? Muchas cosas. Acercaría ese cambio político en España y aportaría una visión distinta. Alberto y yo tenemos una visión parecida. Cuando fui candidato en 2017 y 2018, me miré en el espejo de Alberto Núñez Feijóo: un presidente de la periferia, moderado, centrado y con éxito en mayorías absolutas. Feijóo sigue siendo la misma persona y el mismo político. Lo que pasa es que las circunstancias son distintas. Si conseguimos un gran triunfo en Andalucía, no sólo daremos un paso más para acabar con el ciclo de Gobierno de Sánchez, sino también para que Alberto sea presidente. Ese espacio de centralidad que Andalucía ofrece al resto de España será muy sugerente, y nuestra experiencia puede servir para aplicar políticas de futuro.Ha sido una campaña de tensión baja, pero informativamente marcada por una crisis de dimensión nacional, la del hantavirus. ¿Coincide con Alfonso Rueda en que el Gobierno ha gestionado bien y de manera eficaz dicha crisis?Todo lo que sea gestionar una crisis preservando la vida de los ciudadanos y conseguir ese objetivo merece una valoración positiva. Pero no había necesidad de una utilización política para engrandecer su figura, ni de marginar al Gobierno del señor Clavijo.Otro gran tema nacional de estos días ha sido la trágica muerte de los guardias civiles que perseguían una narcolancha en Huelva. ¿Qué hay que hacer para que no vuelva a ocurrir un suceso así?Ya hemos solicitado un refuerzo de los medios de la Guardia Civil en numerosas ocasiones. Es verdad que el Gobierno ha hecho oídos sordos a nuestras propuestas y reivindicaciones. La droga gangrena la sociedad. El narco mueve miles de millones de euros y tiene capacidad de corromperlo todo: policías, jueces, políticos y ciudadanos. Hay que echarle un pulso al narco, y ese pulso se echa con medios y recursos de primera generación. La lucha ahora es desigual, como llevan años denunciando. Están rompiendo la convivencia de los andaluces.Escuchándolo, da la sensación de que usted piensa que Sánchez ha abandonado Andalucía. Ha abandonado Andalucía. Hemos sido maltratados y perjudicados por una política de castigo al Gobierno andaluz por ser de signo distinto al suyo.Volviendo a la muerte de los guardias civiles: María Jesús Montero tuvo que rectificar después de llamarlo accidente laboral. ¿Fue la puntilla de su campaña?Sin duda fue el colofón a una serie de errores derivados de la falta de conocimiento del territorio. Está haciendo un trámite, consecuencia de una orden del señor Sánchez, que ella acepta de manera fiel y sumisa: controlar el partido e intentar aguantar los 30 diputados. La falta de sensibilidad, compasión y empatía que demostró la señora Montero forma parte de la esencia de este Gobierno, que desprecia a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.¿Usted cree que Montero no se quedará en Andalucía si se cumplen las encuestas?Ella sabe que esto es un trámite y que además se va a marchar, porque no deja el escaño en el Congreso. Yo no conozco a ningún candidato que siga amarrado al Congreso de los Diputados.¿La polémica de Ayuso en México ha ayudado o perjudicado en plena campaña?Aquí ha sonado lejano. No nos ha perjudicado. Somos una periferia con sentimiento de periferia y nos aislamos mucho de ruidos que no nos interesan.También se han aislado bastante de su propia dirección nacional. Apenas una intervención de Borja Sémper, que estará en el cierre de la campaña. ¿Por qué?Porque no tenemos necesidad de que venga nadie. Eso ocurría cuando nuestro partido era débil y tenía una estructura débil. El Partido Popular andaluz tiene hoy una madurez y una fortaleza que no necesita actores de fuera. Agradezco el cariño de mis compañeros, pero somos autosuficientes.Ha reconocido que parte del voto que le dio la mayoría absoluta era prestado, procedente de electores del centroizquierda o incluso de la izquierda andaluza. ¿Sigue siendo así o considera que los andaluces han dado ya un giro ideológico?Todos los votos son prestados, incluso los de siempre del PP, porque nuestro electorado es muy exigente. Lo que sí creo es que ha cambiado el marco de visión hacia el Partido Popular. Han desaparecido muchos prejuicios y los ciudadanos han visto que somos capaces de gestionar los intereses públicos y hacerlo incluso mejor que el Partido Socialista. Los muy cafeteros que había en cada partido van desapareciendo con los años. Vamos hacia una sociedad mucho más diversa, con más capacidad de cambio y un voto más volátil. Una parte de ese centroizquierda se siente cómoda con nuestro Gobierno, con lo que hacemos, sin miedo ni hostilidad. Y, por tanto, entra dentro de nuestro mapa social.Hablemos de sanidad. Usted ha reconocido que se ha inyectado más dinero que nunca, pero que hay problemas que siguen sin resolverse, como las listas de espera. Después de siete años y medio, ya no vale lo de la herencia recibida.Depende de lo envenenada que estuviera la herencia. El problema que tiene la sanidad andaluza es el mismo que tienen el resto de comunidades autónomas, incluidas las mejor financiadas. Somos el sistema público de salud que más recursos pone: 16.200 millones de euros. Cuando llegué a la Presidencia éramos los últimos en inversión por habitante; ahora estamos por encima de la media. Además, nos encontramos con 500.000 pacientes no registrados en el Ministerio de Sanidad. Los habían escondido. Llegas al Gobierno, encuentras esa lista de espera y, a los nueve o diez meses, llega la covid, que paraliza las listas y las agranda todavía más. La bola se hizo enorme. A eso se añade la falta de profesionales sanitarios y el envejecimiento abrupto de nuestra población. Andalucía siempre tuvo una población joven y eso en términos sanitarios se nota. Pero la generación del baby boom de finales de los 50 y principios de los 60 se ha jubilado y tiene más necesidades sanitarias. Hemos inyectado más recursos al sistema, hemos incorporado 33.000 profesionales sanitarios más y hemos impulsado 113 infraestructuras sanitarias nuevas o renovadas. Y, aun así, tiene razón: en algunas áreas no conseguimos avanzar, especialmente en la lista de espera diagnóstica. Hemos entendido que con dinero no se resuelve todo. Hay un problema de organización y eficiencia. Vamos a asumir una profunda renovación del modelo organizativo del Servicio Andaluz de Salud, que se ha quedado obsoleto. Queremos un modelo más transparente, más flexible y capaz de interiorizar la digitalización y la inteligencia artificial. Muchos distritos sanitarios se quejan de un modelo antiguo, rígido y que ya no funciona. A. DI LOLLI ¿Con copago o sin copago?Es una pregunta burda, dicho con respeto. El copago no existe, nunca ha existido y nunca ha sido parte de nuestro debate. Además, de plantearse, tendría que debatirse a nivel nacional. Una comunidad no puede implantarlo de manera unilateral. Es un bulo. La única vez que se estudió algo parecido se recogió en un documento en tiempos de María Jesús Montero como consejera. Finalmente no lo utilizó por miedo político.¿Recomendaría a sus familiares que se hicieran un seguro privado?No. De hecho, en Andalucía ha bajado el número de asegurados. Nuestro sistema público es garantista y ha añadido nuevas coberturas. No sólo tenemos el catálogo de vacunas más importante de España, sino que, por ejemplo, el Reina Sofía de Córdoba es el segundo hospital del mundo en trasplantes de pulmón. Yo recibo cientos de cartas de agradecimiento de pacientes que pasan por el sistema público. Hay distritos que funcionan mejor y otros peor. Tenemos un problema con las listas de espera y hay que combatirlo con seriedad y como prioridad. Pero no podemos hacer una enmienda a la totalidad al modelo sanitario, porque sería tirar por tierra el trabajo de 130.000 profesionales sanitarios. Las mujeres que han recibido un diagnóstico tardío de cáncer de mama por un problema del sistema, ¿merecen una indemnización patrimonial?Eso lo tienen que decidir el Servicio Andaluz de Salud y el Consejo Consultivo. Cuando alguien reclama a la Junta una cuantía patrimonial superior a 70.000 euros, el dictamen del Consejo Consultivo es obligatorio y preceptivo.¿Le parece razonable que tengan derecho a ello?Como tantos ciudadanos que lo piden diariamente en todos los sistemas públicos de salud. Tienen derecho, por supuesto, a recurrir a esa compensación económica. Pero existe un procedimiento que no podemos saltarnos. Ni yo, ni el consejero de Salud, ni la gerente del SAS podemos decidir voluntariamente compensar o no.Hay un problema grave de vivienda que afecta incluso al crecimiento económico de la región. Su Gobierno ha anunciado una inversión histórica para poner vivienda a precio asequible en el mercado pero después aprueba una ley que permite que, en diez años, toda esa vivienda pase al mercado libre.No es así exactamente. El problema básico es que no se hacen viviendas. Hace falta construir vivienda libre y vivienda protegida. Una vivienda que hace siete años costaba 180.000 euros puede costar ahora 280.000 en el mismo lugar y con el mismo suelo. Los materiales han subido por la pandemia, la guerra de Ucrania, las tensiones geopolíticas y todo eso repercute en la capacidad de acceso a la vivienda. España no es un país superpoblado. Podemos desarrollar suelo, pero las leyes de ordenación son muy estrictas. Nosotros hemos impulsado la reforma de la Ley del Suelo y la Ley de Vivienda porque soy partidario de poner a disposición todo el suelo posible y construir el mayor número de viviendas posible. En Andalucía hay un déficit de unas 90.000 viviendas para cubrir las necesidades de nuevos hogares, y prácticamente no se construyen ni 8.000 cada año. Necesitamos estimular a la iniciativa privada; si no, el problema no se resolverá nunca. Para que esas promociones sean rentables y den solución a familias que necesitan vivienda, introducimos esas cláusulas: una década después se renegocia. El poder público conserva capacidad de tanteo para que esa vivienda pueda seguir en manos del propio inquilino a un precio asequible, a veces con recursos de la Administración.¿Ha saltado por los aires el espíritu de Adamuz?El espíritu de Adamuz lo rompió el señor Puente. Fue él quien insinuó que los servicios de emergencia prácticamente habían dejado morir a las personas. Nosotros hemos mantenido una actitud más que respetuosa. Hemos esperado pacientemente más de 100 días pero las familias me han trasladado en un encuentro que debo exigir que se conozca la verdad. No hablamos de dinero ni de indemnizaciones; sino de la verdad.También han exigido que la Junta andaluza dé todos los datos y explicaciones de por qué se retrasó la atención.La información que han solicitado se les ha dado. No hubo retrasos. Al lugar de los hechos llegó una ambulancia por minuto y no murió nadie allí durante la atención sanitaria. Además, el propio alcalde de Adamuz nos puso una placa en agradecimiento por la eficiente gestión de la emergencia. Y el ministro Puente dijo lo mismo al principio, y ahora curiosamente han cambiado de opinión. ¿Quién garantiza que no vuelva a ocurrir en otra vía de Andalucía o de España? Es gravísimo.Hay miles de personas estudiando como locas para las oposiciones. Dígales usted, por favor, que no se las va a suspender si el PP no saca mayoría absoluta. Porque algo así insinuó en el debate.Eso se está manipulando. El problema es que determinadas oposiciones llevan aparejadas transferencias de crédito. Las que ya están convocadas y tienen los tribunales preparados están garantizadas, porque las transferencias ya se han hecho. Pero si la situación de bloqueo se prolonga durante varios meses, como ocurrió en Extremadura, y no tienes hechas esas transferencias, necesitas un decreto para movilizar el crédito. Si no te lo conceden porque no tienes mayoría, no puedes hacerlo. Es así de sencillo.Entonces, las convocadas en junio y julio están garantizadas.Garantizadas.