El pacto de PP y Vox acerca a la derecha al control total del Senado: la fórmula elegida puede ser decisiva en 13 provincias
ResumenLa papeleta de color sepia que los ciudadanos encontrarán en las urnas el próximo 29 de noviembre tendrá, en estas elecciones generales, una relevancia mayor a la habitual. Si España parecía haber pasado página de las mayorías absolutas, con la derecha y la izquierda disgregadas en distintas siglas desde hace más de una década, el Senado volverá a ser en estos comicios tablero de juego para la política de bloques. Y, con ello, no solo la ansiada mayoría absoluta está de nuevo en liza, sino que la disputa puede darse incluso por una superioridad más cualificada. El control total del Senado, con las atribuciones que esto concede, puede ahora caer de un solo lado: la derecha.
La papeleta de color sepia que los ciudadanos encontrarán en las urnas el próximo 29 de noviembre tendrá, en estas elecciones generales, una relevancia mayor a la habitual. Si España parecía haber pasado página de las mayorías absolutas, con la derecha y la izquierda disgregadas en distintas siglas desde hace más de una década, el Senado volverá a ser en estos comicios tablero de juego para la política de bloques. Y, con ello, no solo la ansiada mayoría absoluta está de nuevo en liza, sino que la disputa puede darse incluso por una superioridad más cualificada. El control total del Senado, con las atribuciones que esto concede, puede ahora caer de un solo lado: la derecha. Los partidos de la izquierda sellaron hace 10 días un acuerdo para concurrir en coalición a las elecciones al Senado en la mayoría de provincias. El pacto respondía a una alarma: los elevados pronósticos que concedían los sondeos a PP y Vox abrían la puerta a que los conservadores pudieran reunir tres quintos de los escaños de la Cámara Alta (161), lo que les facultaría para renovar cuatro magistrados del Tribunal Constitucional sin tener que consensuarlo con el PSOE. La izquierda se unió para evitar este extremo, pero ayer la derecha respondió: PP y Vox han trazado una fórmula para concurrir a las elecciones al Senado que maximiza sus posibilidades de traducir los votos en escaños. Tanto que, en el mejor de los escenarios, podrían hacerse con esos tres quintos de la Cámara Alta y dar la vuelta al Constitucional: si nombran cuatro magistrados conservadores, la Corte de Garantías dejaría de tener mayoría progresista. A partir de los pronósticos que concede la última encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, extrapolándolos del Congreso al Senado, resulta que el acuerdo sellado entre PP y Vox les sitúa en una horquilla que va de 156 a 167 senadores. Esta estimación se ha calculado con arreglo a la estrategia que han diseñado las dos derechas para concurrir a la Cámara Alta: Santiago Abascal renuncia a registrar su propia lista en seis provincias y Alberto Núñez Feijóo hace lo propio en otras tres, y además Vox solo presenta un candidato en 14 circunscripciones, invitando a que sus electores apoyen allí también a perfiles del PP. Bajo esta fórmula, la estimación realizada les sitúa por encima de los tres quintos de la Cámara en los mejores escenarios, una marca que no lograrían alcanzar ni por separado ni concurriendo en una única lista en todas las provincias. La estrategia diseñada, trabajada entre Génova y Bambú provincia a provincia, es pues la que mejor desempeño les brinda. El último sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO ofrecía dos cálculos para el Senado: uno con PP y Vox en listas separadas y otro con una sola papeleta de la derecha. En el primer escenario, Feijóo aglutinaría un máximo de 125 escaños y Vox, 20. La suma, en el mejor de los casos, se quedaría en 145 asientos, superando la mayoría absoluta (134), pero a 16 senadores de la superioridad total (tres quintos, 161 asientos). Tampoco con una sola papeleta de la derecha -porque PP o Vox renunciaran en todas las provincias- se alcanzaría esa supermayoría. Esto se debe a que esta vía limita a tres el máximo de escaños que los conservadores podrían lograr en cada circunscripción peninsular, cuando en algunas de ellas hay hoy opciones de que PP y Vox se repartan los cuatro senadores en disputa. Con una sola lista de la derecha, PP y Vox habrían reunido hasta 158 senadores, a tres de los ansiados 161 que dan acceso a cambiar de signo el Constitucional. El único escenario que sí pone a su alcance esta meta es, pues, el que han perfilado Feijóo y Abascal, según se extrae de la simulación que ha realizado EL MUNDO, que presume, eso sí, que los electores apostarán por tres candidatos del mismo partido -o bloque-. En cada una de las provincias peninsulares se disputan cuatro escaños, aunque los españoles solo pueden dibujar una equis sobre tres de ellos, lo cual suele llevar a que la primera fuerza logre tres senadores y la segunda se quede con el cuarto -así se ha realizado la estimación-. Y con esta coyuntura en mente es precisamente como PP y Vox han trazado su plan. Las renuncias de Abascal en seis provincias -aunque colando un dirigente suyo en la lista del PP- y de Feijóo en tres, además de la decisión de Vox de solo registrar un candidato en 14 circunscripciones, deja el mejor de los panoramas para la derecha: los populares tendrían entre 148 y 156 senadores al inicio de la próxima legislatura y el partido a su derecha, entre ocho y 11. Total: mínimo 156 y máximo 167 escaños. La izquierda sumaría entre 77 y 86 asientos, aunque podrían ser más si el cálculo de votos del Frente Amplio se eleva mucho, pues en varias provincias este no se ha podido estimar. El mayor de los réditos del pacto lo obtendría la derecha allí donde Vox va a dar un paso al lado -y también en una de las provincias en la que se aparta el PP-. Abascal no presentará lista propia en Cádiz, Valencia, Castellón, Baleares, Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife. En las tres primeras, el acuerdo de la izquierda hacía plausible que esta coalición se alzara al primer puesto -tres senadores-, dejando al PP con un solo escaño, pero la retirada de Vox casi afianza la victoria popular. En las islas, que reparten 15 senadores, sucede una coyuntura similar: solo con la renuncia de Abascal está el PP más cerca de 13 de estos asientos. Y esto se produce a la inversa en Tarragona, una de las tres provincias donde quien se retira es Feijóo -lo hace también en Gerona y Guipúzcoa, pero allí el senador para Vox está lejos-. En Tarragona, si Abascal atrae a los votantes del PP, podría incluso competir por el primer puesto con el PSOE. Si bien la estrategia de las renuncias, previsiblemente, dará frutos para la derecha, no será tan eficaz el planteamiento de que Vox solo presente un candidato en otras 14 provincias. En la mayoría de estas, el PP tenía prácticamente garantizada la victoria aunque Abascal concurriera, con lo que el gesto es indiferente. Sí es clave, sin embargo, en tres provincias: Sevilla, Asturias y Zaragoza. Allí, el pacto de la izquierda sitúa a Pedro Sánchez a la par que Feijóo, disputando la primera plaza. La renuncia de Vox a dos nombres puede ayudar a concentrar el voto conservador en los dos primeros candidatos del PP, garantizando, al menos, un reparto equitativo: dos a dos. En el grueso de la geografía, 29 circunscripciones, las dos derechas presentarán listas por separado. No les penaliza en la mayoría de ellas, pues el PP tiene muy atada la primera plaza, aunque enCantabria sí podría haber impulsado la ecuación que Vox se retirase. Pero, en cambio, concurrir por separado puede beneficiar a su suma en tres sitios: Murcia, Almería y Ávila.Allí Vox puede ser segundo y hacerse con el cuarto senador en liza. Salvo contadas excepciones, el diseño pactado por la derecha maximiza sus posibilidades para la Cámara Alta, acercándola al control total del Senado. Era la meta: «Tenemos el compromiso de optar, no solo a la mayoría absoluta, que ya tiene el PP en solitario, sino de poder conseguir los tres quintos», dijo Feijóo hace unos días.