Sánchez come en silencio un melón
ResumenGurov y Anna acaban de tener sexo por primera vez. Él pela tranquilamente un melón y se lo empieza a comer. No necesita ni un párrafo de introspección en su personaje. No necesita explayarse sobre la frialdad de él y su incapacidad para amar a las mujeres.
La dama y el perrito. Gurov y Anna acaban de tener sexo por primera vez. Están en silencio. Ella llora arrepentida. Él pela tranquilamente un melón y se lo empieza a comer. Qué tío, Chejov. No necesita ni un párrafo de introspección en su personaje. No necesita explayarse sobre la frialdad de él y su incapacidad para amar a las mujeres. El melón le hace todo el trabajo. Yo no creo que Santos Cerdán sea un lector muy sutil. Me sorprendería, porque confío bastante en la intuición y creo en el designio biológico, tan útil para nuestra evolución como especie, de que cada uno tiene cara de lo que es. Yo creo que Santos Cerdán es, en fin, un lector mostrenco. Sin embargo, llegó a secretario de Organización del PSOE y si un rasgo adorna a quien ha escalado tan alto en un partido es, además de la ausencia de escrúpulo, una sensibilidad fina para detectar lo que necesita el jefe. Para leer las señales del poder. La carta de Pedro Sánchez y sus cinco días de asueto han sido el gran hito histórico de su presidencia. Definen su mandato. Es el melón de Sánchez. Los románticos creyeron ver ahí el desgarro de un enamorado, los lúcidos advirtieron una sima del ridículo, los ingenuos creyeron que había abatimiento sincero, Santos Cerdán entendió que el líder estaba enviándole a su organización una señal para que empezara a actuar. María Jesús Montero organizó una especie de culto de avivamiento evangelista en Ferraz y todos pudimos estremecernos con su glosolalia y los temblores, la holy laughter y el slain in the Spirit -en jerga pentecostal- de la feligresía socialista. Más discretamente, Cerdán montó un sicariato. Cada uno hace lo que sabe y Cerdán no tiene dotes para el espectáculo. Quienes presentaban la zafiedad de Leire Díez como la prueba de descargo de Ferraz y se preguntaban sardónicos cómo le iban a encargar esa tarea a un ser tan primitivo, sabían -son unos cínicos- que no se le encomienda a un abogado del Estado que vaya a chapotear en la cloaca. Hay trabajos que tienen que hacer militantes como Leire o Koldo. Y para servirles de piso franco están los chiringuitos como el de Gaspar Zarrías. Trincheras militantes muy probablemente sufragadas con dinero público. Lo interesante ahora es saber cómo Sánchez se desentiende de esto. Dirá que la actividad del sicariato es fruto de un error de interpretación de su carta, supongo. La gente como Cerdán está justamente para que el líder no tenga que impartir comprometedoras órdenes explícitas.