Bédar recobra la vida sin olvidar a las víctimas: «Quien no va a volver son los amigos que se marcharon»
ResumenPersianas que se levantan, conversaciones que vuelven a escucharse en las calles, un ir y venir de vecinos que este lunes ha recobrado la vida de Bédar en Almería. Tras tres días de evacuación obligatoria por el incendio declarado en Los Gallardos, el municipio almeriense ... Sin embargo, a pocos metros los montes aparecen calcinados, el paisaje ha cambiado para siempre y permanece el vacío de las trece víctimas mortales contabilizadas hasta el momento. La actividad ha vuelto al pueblo, pero el incendio sigue estando presente.
Persianas que se levantan, conversaciones que vuelven a escucharse en las calles, un ir y venir de vecinos que este lunes ha recobrado la vida de Bédar en Almería. Tras tres días de evacuación obligatoria por el incendio declarado en Los Gallardos, el municipio almeriense ... intenta regresar a la normalidad. Sin embargo, a pocos metros los montes aparecen calcinados, el paisaje ha cambiado para siempre y permanece el vacío de las trece víctimas mortales contabilizadas hasta el momento. La actividad ha vuelto al pueblo, pero el incendio sigue estando presente. En los bares y comercios los vecinos se abrazan antes incluso de preguntarse cómo están. Españoles, británicos y belgas comparten el mismo alivio por haber podido regresar y el mismo dolor por quienes no lo hicieron. Muchos preguntan por sus casas, otros por los animales que tuvieron que dejar atrás durante la evacuación. Algunos todavía esperan que regrese algún gato que huyó asustado.Quien mejor resume ese sentimiento es Emilia Vicente Martín, responsable de la farmacia de Bédar, un establecimiento que gestiona junto a su marido. Este lunes ha vuelto a abrir sus puertas con la ayuda de su hijo, que precisamente se incorporaba en su primer día de trabajo. Sin embargo, los problemas con las comunicaciones dificultan la atención a los vecinos. «Internet se nos va y el problema es que no podemos dar medicamentos porque no podemos acceder a la receta electrónica», explica.La farmacéutica regresó al pueblo el domingo por la tarde para atender posibles urgencias. Este lunes, sin embargo, reconoce que resulta difícil pensar en otra cosa que no sean las vidas perdidas . «Quien no va a venir ya son los amigos que se nos han marchado. Del fuego solamente hay que hablar de una cosa, de ellos, de los que se nos fueron. Eso es tremendo. A mí se me han ido dos amigos y otros dos más que eran unos clientes impresionantes», relata emocionada.Los recuerdos se agolpan mientras atiende el mostrador. Emilia retiene la última vez que vio con vida a uno de ellos. «El mismo jueves, antes del incendio, estuvo aquí comprando. Recuerdo la sonrisa con la que nos dijo adiós. Me duele el alma no poder abrazarlo porque aquel fue el último día». También rememora que esa misma tarde su marido dispensó medicación al ciudadano belga que posteriormente falleció. «Su coche lo hemos visto calcinado», lamenta.Emilia Vicente tras el mostrador de su farmacia en Bédar R. P.La farmacéutica no oculta su indignación por lo ocurrido y reclama que una tragedia así no vuelva a repetirse. Considera que detrás del incendio hay una suma de carencias relacionadas con el mantenimiento del monte y las infraestructuras. Frente a cualquier i ntento de responsabilizar a quienes murieron , responde con contundencia: «Ahora échale la culpa a ellos, a las víctimas, por favor».Entre quienes ya no volverán estaban Pedro y Ana, dos residentes extranjeros muy conocidos en el municipio. «Siempre me decían, Emilia, aquí hemos encontrado el paraíso«. Voy a hacer una imagen con la foto de los cuatro y van a estar aquí los años que me queden por estar en la farmacia. No van a poder venir a comprar, pero van a estar conmigo siempre».El pueblo no olvida el incendioLos vecinos se afanan en retirar la ceniza acumulada durante los días del incendio. Una trabajadora de ayuda a domicilio regresa a casa con sus dos hijos después de recogerlos de la escuela de verano. Rechaza hablar con los medios. Solo quiere llegar para fregar el porche, las ventanas y el exterior de la vivienda. En el aparcamiento público incluso una empresa especializada ha repartido publicidad ofreciendo servicios de limpieza para urbanizaciones y comunidades.En el Restaurante Miramar también tratan de recuperar la actividad. Han conseguido abrir con prácticamente toda la carta disponible, aunque el esfuerzo ha sido enorme después de varios días cerrados. En la terraza continúan las conversaciones sobre el incendio, muchas de ellas en inglés. Algunos vecinos todavía no pueden acceder a las zonas más afectadas porque los caminos permanecen impracticables y existe riesgo de derrumbe. Allí se concentran buena parte de las viviendas dañadas y el lugar donde fueron localizadas doce de las trece víctimas mortales.Juan, Juanfran, Elena y la concejala Frankie reparten alimentos y comida para mascotas R. P.La solidaridad toma el relevoEn la plaza del Ayuntamiento continúan las labores de ayuda. Los trabajadores municipales Juan, Juanfran, Elena y la concejala Frankie colaboran en el reparto de alimentos, agua y productos de primera necesidad, además de comida para mascotas donada desde distintos puntos de la provincia.La teniente de alcalde y concejala de Turismo, Ana Isabel Rubio, explica que la prioridad es atender a los afectados mientras se prepara la apertura del plazo para solicitar ayudas. «Hay gente que no tiene nada en su casa o no tiene luz. Estamos con el teléfono sin parar, con grupos de WhatsApp para los vecinos británicos, ofreciendo toda la ayuda, pero muy tristes».«En los diseminados es donde se han quemado algunas viviendas, otras solamente tienen afectada la fachada. ¿Cuántas se han calcinado? No lo sabemos» Ana Isabel Rubio Teniente de alcalde de BédarLa edil reconoce que todavía es pronto para conocer el alcance de los daños materiales. «Dentro del núcleo no hay ninguna vivienda dañada. En los diseminados es donde se han quemado algunas, otras solamente tienen afectada la fachada. ¿Cuántas se han calcinado? No lo sabemos», indica Rubio. De momento, añade, solo cuatro personas nos han comunicado que han perdido completamente su casa.Muchas de las edificaciones se salvaron porque las llamas quedaron detenidas en jardines y porches. Ahora los trabajos se centran en restablecer los suministros , reparar caminos y facilitar el acceso a las viviendas aisladas. En algunos casos el agua no llega porque las tuberías que unen el contador con la vivienda se dañaron por el fuego.Diego Rubio, vecino de Bédar R. P.«El jueves era de miedo»Entre quienes regresaron este domingo se encuentra Diego Rubio, de 81 años. Abandonó Bédar el jueves por la tarde junto a su familia cuando el avance del fuego obligó a cortar la carretera. «Vinieron mi hija y mi yerno para bajarnos, pero luego ya no se pudo salir por donde habían venido y tuvimos que dar un rodeo hasta Garrucha», recuerda.Volvió en cuanto las autoridades autorizaron el regreso. «Estábamos deseando volver. En la casa no había pasado nada. Aquí se quedó todo, un pueblo fantasma, pero había guardias civiles vigilando para que nadie aprovechara la desgracia».Desde la distancia siguió con angustia la evolución del incendio . «Si no llega a ser por los helicópteros y los aviones que traían agua del mar, los bomberos forestales no hubieran podido acercarse. El jueves era de miedo. Soplaba el aire a 50 kilómetros por hora y veías que el fuego cambiaba de sitio en cuestión de minutos».Bédar vuelve poco a poco a abrir sus comercios, a limpiar la ceniza de las terrazas y a llenar de nuevo sus calles. Comienza ahora el tiempo de cuantificar daños, tramitar ayudas y reconstruir lo que el fuego ha destruido . Pero entre los vecinos hay un sentimiento compartido, por encima de las viviendas, la pérdida más difícil de reparar es la de los que ya no podrán volver.