La gestión de los casos de corrupción genera dudas en el PSOE: "El que no puede gobernarse a sí mismo es difícil que pueda gobernar a los demás"
ResumenAl principio piensas que son sólo unas gotas. Al cabo de unos minutos, llueve con más intensidad. Entonces surge la duda de qué hacer: seguir caminando, buscar cobijo, darse la vuelta, comprar un paraguas... Mientras en el Gobierno dicen estar decididos a que pese a lluvia, en forma de investigaciones judiciales, van a seguir caminando sin inmutarse hasta su destino (2027), muchos en el partido no tienen tan claro si es sostenible caminar empapados o hacerlo como si no pasara nada.
Al principio piensas que son sólo unas gotas. Empiezan a calar. Al cabo de unos minutos, llueve con más intensidad. Entonces surge la duda de qué hacer: seguir caminando, buscar cobijo, darse la vuelta, comprar un paraguas... Mientras en el Gobierno dicen estar decididos a que pese a lluvia, en forma de investigaciones judiciales, van a seguir caminando sin inmutarse hasta su destino (2027), muchos en el partido no tienen tan claro si es sostenible caminar empapados o hacerlo como si no pasara nada. No ven claro obviar que igual se necesita paraguas. Más allá del cierre de filas que se quiere trasladar desde Ferraz y La Moncloa en torno a Pedro Sánchez y su hoja de ruta, el goteo de corruptelas que cercan a los socialistas genera dudas en el partido sobre la gestión de los casos y la posición adoptada. «Esta semana nos ha ido bien. Frente al ruido, los ciudadanos necesitaban escuchar lo que tenía que decirles el presidente», señalan fuentes gubernamentales. «No salimos del debate de las responsabilidades políticas de Sánchez», contrapone un dirigente socialista. «No controlamos la agenda», lamenta otro. Sánchez acudió la semana pasada al Congreso y a Ferraz para dar explicaciones de la presunta corrupción que rodea a los socialistas. Decidido que no se van a asumir más responsabilidades políticas, pese a que ya se ha condenado a 24 años de prisión a José Luis Ábalos, ex ministro y ex lugarteniente de Sánchez, la estrategia en La Moncloa es pasar a la ofensiva con el PP, bajo la creencia de que si se enciende el ventilador de la corrupción, los populares tienen más que perder. Pero el «y tú más» no es que ya no convenza a sus socios, con los que ya es palpable el choque y distanciamiento, fruto de la falta de explicaciones y del horizonte electoral. Tampoco convence a todos en el PSOE. Pese a la imagen de cierre de filas ante el ciclo electoral que se quiso trasladar en el Comité Federal del sábado -a lo que contribuye haber puesto al frente de las federaciones a afines-, el partido hierve en dudas, cuestionamientos, incredulidad, sorpresa... «El Gobierno está en el relato, en el mensaje, y se ha dejado la gestión», opina un dirigente veterano, que conoce bien el aparato. Su apunte va encaminado al hecho de que los frentes que tienen abiertos los socialistas provoca un escenario en el que son más reactivos que proactivos. Una opinión que no comparten desde las terminales oficiales. Contraponen que en lo que va de legislatura se han publicado 66 leyes en el BOE y que hay más de 40 en tramitación. «Seguimos trabajando en el Gobierno y en el Parlamento. Este es un Gobierno que gobierna, que saca las cosas adelante y que contra la corrupción actúa». Pero la sentencia del caso Mascarillas y las novedades conocidas en el caso de José Luis Rodríguez Zapatero y el llamado caso cloacas del PSOE hacen torcer el gesto a muchos, por las cascadas de investigaciones y el hecho de que estén protagonizadas por personas muy cercanas a Sánchez, algunos de los cuáles designó él mismo. «La situación se ha complicado», aprecia un diputado. «El que no puede gobernarse a sí mismo es difícil que pueda gobernar a los demás», sentencia un cargo muy relevante, con responsabilidad, sanchista y muy cercano al presidente del Gobierno y secretario general socialista. Su reflexión viene a cuenta de que la presunta corrupción anidó en el seno del Gobierno y el partido de Sánchez, y que a Ábalos y a Cerdán los nombró él, otorgándoles todo el poder. Ni en el Congreso ni en Ferraz el líder socialista aportó nuevas explicaciones o anunció nuevas medidas. Tampoco amagó con asumir responsabilidades políticas. Creen que ya se cumplió apartándoles del PSOE. Las últimas decisiones del juez Juan Carlos Peinado, como retirarle el pasaporte a Begoña Gómez, o el que se haya conocido sin filtro alguno la agenda de Zapatero, han alimentado el discurso de la «persecución», de la «cacería» en las plantas nobles socialistas. Una visión que en casos como el de Begoña Gómez o el de David Sánchez sí comparte la gran mayoría en el partido, pero hay más dudas en establecer ese marco general de que algunos jueces quieren hacer caer al Gobierno. «La reacción del que vienen a por nosotros con casos como el de Ábalos, Zapatero o Leire Díez se compra cada vez menos», señala un cargo territorial. Otra dirigente aporta: «La Moncloa no va a cambiar el relato de la conspiración y de que eran tres o cuatro por su cuenta». Un tercer mandamás lo ve así: «La situación se ha complicado. Pinta mal. Ahora, Sánchez ha sacado la baza de los Presupuestos y un posible adelanto electoral... seguro que es porque eso es lo que quiere el PNV. Pero el reloj no juega a nuestro favor», dice en alusión a las actuaciones y decisiones judiciales que están por venir. Desde el equipo de Sánchez, no obstante, aseguran que tienen «la piel gorda» para «soportar todo esto» y aseguran que el presidente «está bien» y «tranquilo» y que el decreto de medidas contra la crisis por la guerra en Oriente Próximo que hoy aprueba el Consejo de Ministros es un ejemplo de que ellos siguen «a lo importante»: gobernando.