Todas quieren ser Alexia
ResumenLa despedida a Alexia Putellas ha tenido todo lo que ella se merecía: admiración, respeto, cariño y gratitud infinita. Se marcha del Barça por la puerta grande y por decisión propia afirmando que se ha vaciado y que la exigencia propia es de tal magnitud que considera que ya no puede estar a la altura que ella misma se demanda. “Ayer sentía un vacío gigante, me dolía el corazón, pero hoy estoy llena de amor”, admitió ante las compañeras, su familia, los directivos y cuerpo técnico. La mayoría no pudo contener las lágrimas.
La despedida a Alexia Putellas ha tenido todo lo que ella se merecía: admiración, respeto, cariño y gratitud infinita. Se marcha del Barça por la puerta grande y por decisión propia afirmando que se ha vaciado y que la exigencia propia es de tal magnitud que considera que ya no puede estar a la altura que ella misma se demanda. “Ayer sentía un vacío gigante, me dolía el corazón, pero hoy estoy llena de amor”, admitió ante las compañeras, su familia, los directivos y cuerpo técnico. La mayoría no pudo contener las lágrimas. Se va la referente, la líder, la pionera, la amiga, la capitana, la estrella, la reina, pero deja un legado irrepetible: todas, en algún momento, han soñado con ser Alexia.
Cuando ella llegó al Barça en 2012 la sección aún no era profesional. Se entrenaban por la noche porque algunas trabajaban de día, se cambiaban en barracones sin agua caliente y a las gradas de la Ciudad Deportiva sólo acudían a los partidos los familiares. Alexia no sólo ha formado parte de un cambio, una revolución deportiva, cultural y social, sino que como ayer le dijo su amiga Irene Paredes, ha sido “el motor de la evolución” priorizando la lucha colectiva a la suya propia y sirviendo de ejemplo, faro y guía a las que llegaron después. Tan grande como para pronunciar el día de su despedida la siguiente frase: “Nosotras hemos movido el mundo, pero las que vienen se lo van a comer”. Tan generosa como para eludir el protagonismo antes de levantar su cuarta Champions porque lo importante, lo primero, siempre ha sido el equipo. Tan impresionante como los 38 trofeos que la acompañaban.
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Deja un cráter gigante difícil de rellenar y dice adiós en lo más alto ganando todos los títulos en su última temporada, siendo titular incuestionable y dejando su impronta en los partidos clave. Es probable incluso que gane su tercer Balón de Oro, pero ningún galardón estará a la altura de lo que ella ha dejado al Barça y al fútbol español: un espejo donde mirarse. Porque siempre, no importa cuándo, habrá alguien que quiera ser como Alexia.
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