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Vinicius no hace el pasillo al Barça

Resumen

El Real Madrid cumplió con el mínimo exigible. En una temporada horrible, al menos evitó que el Barcelona se proclamara campeón sin romper a sudar. O no, si se empeña Vinicius, que defendió el pabellón blanco con esa pasión tan suya que lleva a confusión. Pareció en el primer tiempo, en su duelo con Omar, que no estaría en el Camp Nou, enfangado en piques.

El Real Madrid cumplió con el mínimo exigible. En una temporada horrible, al menos evitó que el Barcelona se proclamara campeón sin romper a sudar. Será en El Clásico. O no, si se empeña Vinicius, que defendió el pabellón blanco con esa pasión tan suya que lleva a confusión. Pareció en el primer tiempo, en su duelo con Omar, que no estaría en el Camp Nou, enfangado en piques. En el segundo acto reventó el partido, asociado a Bellingham y Gonzalo, dejando al Espanyol hecho unos zorros. Parecía mala idea hacer campeón al Barça en esta jornada. Es mucho peor el panorama que se le queda, tras 17 partidos sin ganar. Como venza el Sevilla, el riesgo de descenso es evidente. Y la falta de fútbol y de convicción también. Durante una hora resistió el cuadro perico con entereza, pero sin amenaza. Tampoco pareció muy metido en la pelea de inicio el Madrid. Con Pitarch en la medular y Mendy en el lateral zurdo planteó Arbeloa el duelo ante un Espanyol que, en teoría, doblaba lateral para contener a Vinicius. En la práctica, Omar se emparejó al brasileño para revivir duelos anteriores, dando vuelo como extremo a Rubén Sánchez. Por allí hurgó nada más empezar, dejando el pase atrás a Roberto que remató arriba. Y poco después el propio Rubén remató desde lejos, cerca del palo.  La respuesta del Madrid fue contundente. Bellingham desequilibró en la frontal, abrió a Trent y su centro encontró a Vinicius, que voleó cruzado. La pelota tocó en Omar y se estrelló en el palo. Fue la mejor jugada y la ocasión más clara del primer acto. Minuto 8. Poco después tuvo que cambiar el plan blanco al caer Mendy en su primer sprint. Sus fibras son dignas de estudio. Se hacen añicos a la mínima. Arbeloa señaló por segunda vez a Carreras al elegir a Fran García como sustituto.  El Espanyol se tomó el partido con agonía. Batalló cada duelo con intensidad. Mención especial para Omar, que vio la roja directa en el 25'. Jesús Gil Manzano vio plancha donde había zancadilla. Le corrigió el VAR y se descentró. Mandó seguir en faltas flagrantes y dio la ley de la supuesta ventaja al interrumpir en una progresión a Bellingham. Tremendo. Tanto que repitió el lance en el segundo tiempo, esta vez en contra del Espanyol. El caso es que en el primer acto se jugó poco y se llegó menos. Un cabezazo de Valverde a centro de Fran, una llegada de Expósito tras error de Rüdiger y un cabezazo de Cabrera salvado por Lunin con reflejos fue lo más potable de un primer tiempo impropio de un teórico aspirante al título. O, al menos,  a presentar pelea. No cambió mucho el decorado tras la pausa. Bueno, algo sí. El Madrid hizo piña antes del inicio, algo poco habitual. Se juntaron los madridistas para achicar el chaparrón de centros laterales con que se abrió el segundo tiempo, con Huijsen y Rüdiger eficaces, y Arbeloa intervino para cambiar el asunto. Entraron Mastantuono y Gonzalo por Brahim y Thiago. El ariete, que saldrá el año próximo, se manejó con el oficio propio del ariete para atraer centrales y descargar de primeras. Acudió a apoyar el desborde de Vinicius desde su banda, le devolvió de primeras y el brasileño, tras romper con un quiebro a Calero y Cabrera, colocó junto al palo. El gol cayó como un manto negro sobre el Espanyol y su grada. Manolo González metió a Pickel y Roca para sacudir al equipo. Alguna carrera de Dolan y un buen remate lejano de Terrats que se escapó junto al palo precedieron a la sentencia. Arrancó Vini en vertical, se apoyó en Bellingham y su taconazo, brillante, encontró un remate estupendo del 7. Doblete de golazos para prolongar la vida del campeonato.  Metió ya Manolo todo lo que tenía en el verde para descontar. El Madrid viene de una larga serie de pifias en los últimos minutos y convenía apretar. La tuvo Romero para descontar, pero le cayó a la derecha y entregó a las manos de Lunin. Arbeloa cambió a Vinicius, que se abrazó con su entrenador en agradecimiento mutuo. Entre las protestas del brasileño y el gatillo fácil del árbitro, había riesgo de segunda amarilla. Lo que faltaba a este Madrid es presentarse al Clásico sin el 7. Sin Mbappé, Vini está cuando se le necesita.