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Los prontos que estropean a Jódar

Resumen

Ha pisado el mundo profesional del tenis a lo grande. Ha roto barreras de precocidad a derechazos. En apenas diez meses en el circuito, un título ATP 250 (Marrakech), finalista de un ATP 500 (Washington), primeras semifinales de un Masters 1.000 (Canadá), primeros cuartos ... de un Grand Slam (Roland Garros); un balance de, por el momento, 40 victorias que lo impulsan a ser mejor debutante de la historia, está a solo tres triunfos de ser el más precoz en pasar del top 100 al top 10, y muy cerquita también de clasificarse para la Copa de Maestros, que reúne a los ocho mejores del curso.

Ha pisado el mundo profesional del tenis a lo grande. Ha roto barreras de precocidad a derechazos. En apenas diez meses en el circuito, un título ATP 250 (Marrakech), finalista de un ATP 500 (Washington), primeras semifinales de un Masters 1.000 (Canadá), primeros cuartos ... de un Grand Slam (Roland Garros); un balance de, por el momento, 40 victorias que lo impulsan a ser mejor debutante de la historia, está a solo tres triunfos de ser el más precoz en pasar del top 100 al top 10, y muy cerquita también de clasificarse para la Copa de Maestros, que reúne a los ocho mejores del curso. Y todavía con tanto margen de mejora que se le auguran maravillas en el futuro más próximo.En el discurso ante los micrófonos fuera de pista, Jódar es mesura, ni una palabra más alta que la otra, reconocimiento hacia su padre y los rivales, la humildad y el 'estoy aprendiendo' como filosofía y mantra. Pero el tenis también es tensión y pasión, y es en la pista donde se ha visto al Rafa Jódar más competitivo. Fruto de esa mezcla de emociones, algún que otro roce con jueces de silla y recogepelotas que le han generado críticas y, para un sector, han estropeado la imagen que tenían de él.La última sucedió en el partido de octavos del Masters 1.000 de Shanghái, donde volvió a protagonizar una remontada de órdago ante Botic van de Zandschulp por tercera jornada consecutiva, después de levantar un set en contra ante Thiago Martín Tirante y Jiri Lehecka. Pero ante el neerlandés, la tensión subió un par de grados. Tanto como para que, tras perder una opción de rotura por escasos milímetros, el madrileño se dirigió en estos términos al recogepelotas: «¡Dame la puta toalla, coño!». Una expresión que no toleró el juez de silla, el ecuatoriano Jimmy Pinoargote, a quien le pidió explicaciones después por la sanción.«No me hacía caso, no le he dicho nada malo. ¿Qué he dicho?», espetó el madrileño a lo que respondió el juez: «No lo voy a repetir aquí, tú sabes bien lo que le has dicho. Si no te hace caso, me lo pides a mí, pero así no tratamos a la gente». Jódar, que no se disculpó, le preguntó después si sabía la tensión que había en el partido, pero no cambió la postura de Pinoargote.Una expresión malsonante que choca y mancha su imagen fuera de la pista y que, precisamente por ese contraste, ha generado cierta corriente de animadversión. El revuelo lleva sobrevolando al madrileño desde hace tiempo, al que se mira con lupa y con una vara de medir tan exigente con fue el comportamiento de Rafael Nadal en su momento, al que nunca se le vieron gestos así, y con de Carlos Alcaraz, más emocional que el balear, pero del que tampoco se le ha destacado malas formas contra el personal. Es la losa de estar entre los elegidos, que enseguida se pone el microscopio.En el pasado Roland Garros, Jódar tuvo que salir a la palestra para desmentir un supuesto empujón a una recogepelotas. Algunos vídeos ofrecieron el efecto óptico de que su gesto de rabia con la mano coincidía con un resbalón de la chica que atendía esa esquina . Muchos quisieron ver lo que reforzaba sus pensamientos sobre el comportamiento de Jódar, y el ofreció después su versión: «Solo le estaba diciendo a mi padre que me diera las cosas que necesitaba después del descanso para el baño y ella estaba en medio, creo que estaba intentando apartarse, caminando hacia atrás, y no se cayó porque yo la empujara, sino porque estaba la lona. No la toqué. Aprecio todo el trabajo que hacen los recogepelotas. Sé que es difícil estar ahí con el calor y las condiciones, así que lo aprecio mucho. Nunca podría empujar a un recogepelotas».En ese mismo torneo, también se le criticó que no le diera la mano a una niña que lo esperaba para salir juntos a la pista. Y hasta se le ha señalado que la rotura de los cordones de las zapatillas era provocado para desordenar el partido y perder tiempo cuando las cosas le iban regular. En Wimbledon, a Pablo Carreño, su rival en segunda ronda, le llamó la atención que el juez de silla permitiera salir al baño al madrileño a un segundo de que se terminara el tiempo de descanso entre sets. Unos minutos de más que provocaron que el encuentro tuviera que aplazarse por falta de luz hasta el día siguiente. Pero el tenista asturiano negó cualquier tipo de tensión con el madrileño y dirigió la incomprensión a la decisión del árbitro: «No es que me mosqueara que se fuera al baño. Si lo pide y le dejan, se va al baño. Pero yo, durante mi carrera, a los 30 segundos de estar en el banco he dicho de ir al baño y me han dicho que no porque tengo que ir al principio y él fue al baño cuando quedaban cinco segundos. Un cambio antes el árbitro me llamó la atención porque le había hecho esperar un poquito en el saque y quedaban 12 o 13 segundos. Aunque es verdad que marca el ritmo el sacador. Si cumples las reglas a rajatabla para uno, cumple para el otro. Me dijo que le dejó ir al baño porque estaba cerca. No había ninguna tensión con Rafa».Sea como fuera, Jódar continúa ahí, en cuartos de final del Masters 1.000 de Shanghái. Protagonista de tres partidos de quilates, en cuartos contra Casper Ruud (este viernes a partir de las 8:30 horas), a la caza de superar su mejor actuación en torneos de esta categoría. Y cada vez que sale a la pista, también lo hace al escrutinio público, para bien y para menos bien.