Nueva catástrofe en la alta velocidad con decenas de muertos y heridos
ResumenApenas diez meses después del trágico accidente de Adamuz, en Córdoba, que se saldó con 46 fallecidos, el sistema ferroviario español volvió a vestir este miércoles de luto al país con un segundo siniestro aún de mayor magnitud y gravedad después de que dos trenes que cubrían el trayecto de alta velocidad entre Madrid-Sevilla, uno de Renfe y otro de Iryo, en los que viajaban 544 personas, colisionaran en la localidad de Urda, en Toledo, provocando decenas de víctimas mortales y heridos. Al cierre de esta edición, el balance de fallecidos ascendía a 68, según informaron fuentes de la Junta de Castilla-La Mancha, que preside Emiliano García-Page, aunque se teme que la cifra siga aumentando ante la gravedad de algunos de los heridos. La catástrofe se produjo pocos minutos antes de las 9 de la mañana del miércoles, cuando un tren AVE de Renfe embistió a un convoy de Iryo que se encontraba delante, provocando el descarrilamiento de sus dos últimos vagones. Según las informaciones disponibles, el germen de la tragedia fue un fallo en el sistema automático de señalización LZB de las vías, que hizo que, en un tramo de 90 kilómetros, seis trenes tuvieran que detenerse.
Apenas diez meses después del trágico accidente de Adamuz, en Córdoba, que se saldó con 46 fallecidos, el sistema ferroviario español volvió a vestir este miércoles de luto al país con un segundo siniestro aún de mayor magnitud y gravedad después de que dos trenes que cubrían el trayecto de alta velocidad entre Madrid-Sevilla, uno de Renfe y otro de Iryo, en los que viajaban 544 personas, colisionaran en la localidad de Urda, en Toledo, provocando decenas de víctimas mortales y heridos. Al cierre de esta edición, el balance de fallecidos ascendía a 68, según informaron fuentes de la Junta de Castilla-La Mancha, que preside Emiliano García-Page, aunque se teme que la cifra siga aumentando ante la gravedad de algunos de los heridos. La catástrofe se produjo pocos minutos antes de las 9 de la mañana del miércoles, cuando un tren AVE de Renfe embistió a un convoy de Iryo que se encontraba delante, provocando el descarrilamiento de sus dos últimos vagones. Según las informaciones disponibles, el germen de la tragedia fue un fallo en el sistema automático de señalización LZB de las vías, que hizo que, en un tramo de 90 kilómetros, seis trenes tuvieran que detenerse. Cuando se les ordenó reanudar la marcha, el Iryo no lo hizo en espera de instrucciones desde control, quedando detenido en las vías. Según los primeros análisis, desde el centro de control de Atocha se habría ordenado al AVE de Renfe continuar el trayecto a pesar de que el Iryo estaba parado, lo que finalmente derivó en el choque de ambos trenes. En una comparecencia ante los medios, el ministro de Transportes, Óscar Puente, apuntó en esa dirección, señalando de forma implícita al fallo humano: “El centro de control es el que toma la decisión de reanudar la marcha en unas circunstancias desde nuestro punto de vista inexplicables”, señaló Puente, quien aseguró que la persona que habría tomado esa decisión estaba ya identificada. Pese a la magnitud del siniestro, el titular de Transportes, que descartó de plano dimitir, insistió en que “el sistema ferroviario es seguro”. Lo dijo el mismo ministro que hace apenas una semana frivolizó en un programa de televisión sobre las averías de Renfe, lo que suscitó la airada reacción de las víctimas de Adamuz. Renfe, tras el accidente, decidió bloquear la venta de billetes entre Madrid y Andalucía hasta el 13 de diciembre, aunque la circulación podría reanudarse antes. Mientras, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que decretó tres días de luto oficial a partir de este jueves, admitió que “no es asumible para un país como España sufrir dos accidentes ferroviarios en un mismo año”, asegurando que “si ha habido negligencia se sabrá”, pero soslayando la eventual responsabilidad política de su Ejecutivo por el estado actual de las infraestructuras ferroviarias. En este sentido, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, exigió saber qué medidas se tomaron tras el accidente de Adamuz y reclamó una investigación del Gobierno sobre el nuevo siniestro y otra judicial. “Es imprescindible una investigación gubernamental inmediata y otra judicial en los tiempos que procedan, con todos los medios y sin interferencias”, manifestó. El nuevo siniestro mortal, que vuelve a situar en el foco el estado de salud de las infraestructuras ferroviarias en España, trastocó la actividad política, económica y aun social. El Gobierno y la práctica totalidad de los partidos políticos, con excepción de Vox -que, sin embargo, presentó una querella contra Adif por los presuntos delitos de homicidio y de lesiones imprudentes- cancelaron sus agendas. También la Comunidad de Madrid, cuyo Consejo de Gobierno tenía previsto aprobar el plan de presupuestos para 2027 y decidió aplazarlo al viernes. Mientras, las organizaciones agrarias suspendieron la tractorada convocada ayer en Madrid. En su lugar, hicieron una concentración con cinco minutos de silencio en señal de respeto y de solidaridad. También canceló su agenda el presidente andaluz, Juanma Moreno. El shock provocado por la nueva tragedia ferroviaria recorrió el país a lo largo y ancho de su geografía y dio lugar a una riada de gestos de condolencia dentro y fuera de nuestras fronteras. Uno de los primeros en trasladar su “pésame, apoyo y cariño” a los afectados por el siniestro fue el Rey Felipe VI, quien desde Bétera (Valencia) lamentó “esa desgracia terrible” y transmitió a las familias de los fallecidos “nuestro pésame, nuestra tristeza, nuestro apoyo y nuestro cariño en un momento tan duro y tan difícil”. El monarca no presidió ayer el concierto conmemorativo del 150º aniversario del nacimiento del compositor catalán Pau Casals, como estaba programado en un principio, y canceló la agenda prevista para este jueves, según informó la Casa Real. Son solo unos botones de muestra de la enorme conmoción que provocó el accidente y que suscitó numerosas reacciones de solidaridad y apoyo desde el exterior. Empezando por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien aseguró que “hoy Europa llora con vosotros”; a la que se sumaron los mandatarios de Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Suecia, Portugal, Reino Unido y otros muchos países.