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El Mundo ·

80 años de la primera azafata de avión en España: "Antes se miraba más el servicio, ahora se repasa insistentemente qué hacer en cada emergencia"

Resumen

Arrodillarse a los pies del escritor Salman Rushdie en pleno vuelo para agradecerle por sus libros es un privilegio que solo lo concende el aire. Y se lo concedió a Carolina Viñe, quien es tripulante de cabina (TCP) de Iberia desde 1985. "Eso no me hubiera podido pasar jamás en una oficina, fue un regalo de esta profesión", recuerda. A sus 62 años, apura sus últimos días en la compañía y prepara las maletas para su último vuelo con destino a Tokio, el que marcará su jubilación definitiva.

Arrodillarse a los pies del escritor Salman Rushdie en pleno vuelo para agradecerle por sus libros es un privilegio que solo lo concende el aire. Y se lo concedió a Carolina Viñe, quien es tripulante de cabina (TCP) de Iberia desde 1985. "Eso no me hubiera podido pasar jamás en una oficina, fue un regalo de esta profesión", recuerda. A sus 62 años, apura sus últimos días en la compañía y prepara las maletas para su último vuelo con destino a Tokio, el que marcará su jubilación definitiva. "En estos 40 años ha cambiado mucho la profesión, los aviones y los viajeros también", reflexiona. Viajeros más exigentes, un foco obsesivo en la seguridad, la entrada de hombres como tripulantes de cabina e incluso una pandemia que cambió por completo la actividad. Y es que sus cuatro décadas representan solo la mitad de la historia de la profesión en España, que hoy cumple 80 años desde el primer vuelo comercial transatlántico de Iberia entre Madrid y Buenos Aires, en el que, por primera vez, cuatro auxiliares de vuelo atendieron a los pasajeros. Desde entonces las cosas han cambiado entre los tripulantes de cabina -incluso la denominación oficial, que ha pasado de provisoras y auxiliares hasta TCP a finales de los 80-, pero sí algo no lo ha hecho ha sido el factor humano. A Viñe lo que le atrajo del aire fue la flexibilidad, conocer el mundo y huir de un trabajo convencional. No esperaba todo lo que había cuando se dejaba de lado el glamour de los uniformes y de la alta gastronomía. "Antes era más del servicio, pero es que ahora insistentemente todo tienes que repasar: las emergencias que pueden ocurrir en un avión, qué hacer en caso de una, los extintores que llevas", explica sobre la preparación antes de cada despegue. "Ahora nos forman mucho más en cuanto a seguridad en vuelo y atención médica; pasamos la mañana haciendo RCP y poniendo un desfibrilador". Y si la llegada de Viñe fue la búsqueda de libertad, en el caso de Marta Padreny, tripulante de cabina desde 1986, fue un flechazo infantil. "Mi madre me llevó a unas vacaciones y nos subimos al avión por primera vez cuando tenía nueve años. Era de Iberia, que iba de Barcelona a Villanubla y para mí fue un impacto", cuenta. «Desde ese momento quise ser azafata de Iberia, no quise serlo de ninguna otra compañía»; por esto, su último vuelo antes de su jubilación -que fue a Nueva York hace tres días- le costó tanto. "Pienso que lo deseé tanto que no podía dejarlo", reconoce. Hoy, Iberia cuenta con 4.062 tripulantes de cabina, de los que el 67% (alrededor de 2.735 son mujeres)y el 33% son hombres (1.327). Tras su ilusión, Padreny defiende que lo que sostiene el oficio es la seguridad que no se ve y el contacto humano. "En la propia definición ya viene que estás para la seguridad de las personas. Cuando un tripulante despega y está ahí con el arnés, está pensando en un silent review de qué pasa si hay que evacuar un avión o atacar un fuego". Algo que, según les recordaba a los nuevos tripulantes antes de irse, no tiene reemplazo tecnológico. Este es "de los pocos trabajos que quedan de cara al público que no va a sustituir la inteligencia artificial", asegura. A pesar de los cambios en las últimas décadas, hay algo más que mantuvo a Padreny cuatro décadas en la actividad y que aún celebra: sorprendentemente, la facilidad para compaginar la vida familiar con el trabajo; lo que muchos empleos envidiarían en España. "Yo hace 34 años concilié cuando otra gente en esa época no podía. En otras empresas, si reducías tu jornada, tu proyecto profesional a lo mejor ya no era el que tú querías. Aquí lo reducimos la mayoría, las que somos mamás o papás, y puedes perfectamente conciliar esto con tener niños sin ningún problema", apunta. "Se crían hijos mejor cuando tienes reducción y se viene a trabajar también mejor. Llegas a casa con muchas ganas de verlos y has descansado de sus exigencias; y cuando llegas de casa, los pasajeros te parecen encantadores. Cuidar niños en este trabajo es más fácil que en otros".