La amenaza de Trump de cortar las exportaciones de diésel de EEUU desata el pánico en Europa: "Este invierno podría ser el peor desde 2022"
ResumenLa amenaza de Donald Trump de cortar temporalmente las exportaciones de diésel estadounidense ha desatado el pánico en Bruselas. El comisario de Energía del bloque, Dan Jørgensen, ha rogado a Washington mantener el "libre flujo" de este combustible, el más afectado por el actual shock de oferta mundial, y ha admitido que la Unión Europea se enfrenta a su invierno más crítico, al menos, desde la guerra en Ucrania. El comisario ha sido contundente en declaraciones al Financial Times: "Este invierno podría ser muy, muy malo [para Europa] y podría ser el peor que hayamos tenido desde 2022". El máximo responsable de la política energética del bloque ha reaccionado así al último golpe de Trump al tablero energético mundial.
La amenaza de Donald Trump de cortar temporalmente las exportaciones de diésel estadounidense ha desatado el pánico en Bruselas. El comisario de Energía del bloque, Dan Jørgensen, ha rogado a Washington mantener el "libre flujo" de este combustible, el más afectado por el actual shock de oferta mundial, y ha admitido que la Unión Europea se enfrenta a su invierno más crítico, al menos, desde la guerra en Ucrania. El comisario ha sido contundente en declaraciones al Financial Times: "Este invierno podría ser muy, muy malo [para Europa] y podría ser el peor que hayamos tenido desde 2022". El máximo responsable de la política energética del bloque ha reaccionado así al último golpe de Trump al tablero energético mundial. El republicano pidió, literalmente, frenar las exportaciones nacionales de diésel como medida para atajar la inédita escalada que están reflejando los surtidores en Estados Unidos, donde este carburante se ha llegado a encarecer un 80% anual. Un veto de este tipo restringiría la ya mermada oferta de producto refinado a nivel mundial. Estados Unidos es el mayor proveedor global de diésel, con una cuota de casi el 20% de todo el comercio por mar. El mundo ha pasado de una fase de sobreoferta de combustible, a un escenario de máxima tensión en las cadenas de suministro globales, principalmente, por la caída de producción en infraestructuras dañadas por los ataques en Oriente Medio y el bloqueo en Ormuz. También existe una menor disponibilidad de diésel ruso, pues sus refinerías han rebajado alrededor de 1,7 millones de barriles diarios su producción respecto a los niveles previos a la invasión de Ucrania. La industria petrolera estadounidense está registrando beneficios récord al ocupar el vacío que han dejado otros proveedores, principalmente de la OPEP. Pero, paradójicamente, la situación en los mercados se ha vuelto en contra de los consumidores estadounidenses. El galón de diésel costaba el miércoles 6,52 dólares de media en EEUU, casi tres dólares más que hace un año. Este fenómeno impacta directamente en la inflación y redobla la presión política sobre Trump en la antesala de las elecciones de mitad de mandato. De vuelta a Europa, el mensaje de Jørgensen ha dado carta de naturaleza al temor de los Veintisiete a otro shock energético este invierno. Con los precios del gas, la electricidad y, por supuesto, también los de los combustibles disparados, el miedo a la factura es, por el momento, mayor al de desabastecimiento, descartado hasta ahora por los expertos. El precio medio del diésel europeo ha alcanzado esta semana los 2,23 euros por litro -llegando a 2,56 en los países más caros-, un 40% superior desde que empezaron las hostilidades entre Estados Unidos e Irán. Los mercados ya están respondiendo a las declaraciones de Trump que, según Wood Mackenzie empujaría a las refinerías estadounidenses a recortar su actividad un 12% en apenas un mes. Al día siguiente de difundirse la amenaza, los precios futuros del diésel bajaron en Estados Unidos, mientras que la gasolina subía cerca del 3%. En Londres, los contratos de gasóleo ampliaron su diferencial frente al diésel del Nymex, que cotiza en la bolsa de Nueva York. Es decir, el riesgo se está trasladando hacia Europa. Nuevo escudo de Moncloa el martes Varios gobiernos de los Veintisiete han movido ficha en las últimas semanas, entre ellos el español. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, se ha reunido este viernes con el sector logístico, la última de una ronda de contactos que ha mantenido el vicepresidente primero de cara a diseñar un nuevo paquete de medidas que llevará al Consejo de Ministrosel próximo martes. El último plan de contingencia, que mantiene una ayuda de 20 céntimos al diésel y de 5 a la gasolina, caducaba este mismo mes. La industria, el transporte y el propio sector energético han hecho frente común y han reclamado a Moncloa un nuevo "plan de choque". Por el momento, el Gobierno ha llevado estos contactos con la máxima discreción. Preguntadas al respecto, fuentes de Economía se limitan a matizar que la preocupación ahora es el impacto en los precios, no en la seguridad de suministro. Las palabras del comisario de Energía se han hecho eco a nivel internacional, pero no ha sido Jørgensen el primero en dar la voz de alarma. El pasado viernes, el presidente francés, Emmanuel Macron, envió una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que advertía de que la situación del suministro podía empeorar gravemente. El Elíseo recordaba que, si la situación en Ormuz nos se normaliza a corto plazo, el mercado mundial va a perder otros cuatro millones de barriles diarios en cuanto se agoten las reservas de Arabia Saudí. La última actualización nacional ha cifrado en el 14% de todas las gasolineras del país las que ya han sufrido problemas de abastecimiento de al menos un tipo de carburante. Un embargo "pactado" El secretario de Energía del país, Chris Wright, diluyó la posibilidad de un embargo total al dudar de su impacto en los precios finales. Si bien sí se habría mostrado favorable, según Reuters, a otra fórmula de reorientar la producción de diésel al mercado doméstico. La opción que gana enteros es la "vía pactada", es decir, que las propias refinerías concentren de forma voluntaria ciertos volúmenes de exportación. La industria, por el momento, se muestra reacia a cualquier embargo. "Le instamos a rechazar los llamamientos para prohibir o limitar las exportaciones de diésel y otros productos" petrolíferos, pidieron en una carta dirigida a Trump una treintena organizaciones del sector petrolero estadounidense, junto a varias cámaras de comercio federales. Según los firmantes, un frenazo en las ventas exteriores acabaría recortando la producción doméstica, lo que a su vez acabaría incrementando los costes para los propios hogares, agricultores y transportistas del país. Afirman, además, que las refinerías del territorio tienen plena capacidad para abastecer a Estados Unidos y "ayudar a estabilizar el mercado mundial de combustibles".