Ayuso cierra el metro de Sol por motivos de seguridad y salubridad, pero Renfe desmiente esos problemas
ResumenIsabel Díaz Ayuso quiere obligar al Gobierno de Pedro Sánchez a desalojar el campamento instalado en Sol en el que duermen desde hace 20 noches miles de jóvenes en protesta por la crisis de la vivienda en España, justo enfrente de su despacho. En La Moncloa, por ahora, habían decidido no intervenir. Como medida de presión, la presidenta de Madrid ha lanzado un órdago y ha cerrado este viernes la estación de Metro de Sol, la de más tránsito de todo el sistema subterráneo, “hasta nueva orden”. No se abrirá, según la Consejería de Transportes, hasta que se permita la entrada de camiones en la plaza y se limpien los pozos de ventilación.
Isabel Díaz Ayuso quiere obligar al Gobierno de Pedro Sánchez a desalojar el campamento instalado en Sol en el que duermen desde hace 20 noches miles de jóvenes en protesta por la crisis de la vivienda en España, justo enfrente de su despacho. En La Moncloa, por ahora, habían decidido no intervenir. Como medida de presión, la presidenta de Madrid ha lanzado un órdago y ha cerrado este viernes la estación de Metro de Sol, la de más tránsito de todo el sistema subterráneo, “hasta nueva orden”. No se abrirá, según la Consejería de Transportes, hasta que se permita la entrada de camiones en la plaza y se limpien los pozos de ventilación. Clausurar esta parada supone poner en apuros a los más de 300.000 ciudadanos y turistas que pasan por ella cada día. Este nuevo enfrentamiento se añade al eterno choque entre estas dos administraciones, la madrileña y la central, en un ambiente político crispado por la campaña electoral que ya asoma en el horizonte. El Ministerio de Transportes ha desmentido a Ayuso y asegura no haber detectado problemas de insalubridad ni de inseguridad, como ella había asegurado. De hecho, los trenes de Cercanías de Renfe operan en la misma estación sin ninguna incidencia. Queda por ver quién dará antes su brazo a torcer. Sobre las oche y media de la tarde, se llegó a lo que parecía una solución intermedia. Metro de Madrid difundió una fotografía en la que se veía a unos operarios trabajando en una zona de la acampada ya despejada por la policía de forma puntual: “Ya hemos empezado las labores de limpieza de los fondos de ventilación y porticos de la estación de Sol”. En los despachos de Sol creen que ahora le toca actuar al Gobierno de Sánchez. El consejero de Vivienda, Transportes e Infraestructuras, Jorge Rodrigo, se lo ha comunicado este viernes por carta al delegado del Gobierno, Francisco Martín, y le ha instado a que desaloje la acampada para garantizar el acceso al personal de limpieza. “La intervención requiere que los medios especializados puedan acceder a los pozos de ventilación por las rejillas exteriores ubicadas en superficie por la plaza, algo que a estas horas no es posible debido a encontrarse ocupadas. Hasta que esto no sea posible, la estación de Sol no prestará servicio”, dice con rotundidad el escrito. El asunto se empezó a torcer alrededor de las diez de la mañana, mientras Ayuso hablaba en esRadio con Federico Jiménez Losantos. En ese momento, sus asesores le enviaron un mensaje para alertarla de que iba a clausurarse la estación, que ella leyó: “Hay que hacer trabajos de limpieza urgente y de seguridad”. Antes, acusó a Sánchez de tener la ciudad “reventada” y “atascada”. En Sol, dijo, impera ahora mismo “la ley de la selva”. “Lo ha solicitado el de prevención de riesgos laborales y los sindicatos”, explicó, aunque horas más tarde, cuando ya se había llevado a cabo el cierre, el comité de empresa desmintió a la presidenta. “No nos han entregado las mediciones que dicen haber realizado por parte del Servicio de Prevención, como se hace normalmente en estas ocasiones. Nos desvinculamos completamente de esta decisión”, han dicho los sindicatos en un comunicado. Los jóvenes han acampado tres semanas seguidas y nadie sabe hasta cuándo tienen intención de permanecer en el espacio más turístico de Madrid, justo en la puerta del edificio que acoge el Gobierno de Madrid. El desalojo depende del Gobierno de Sánchez, que mandaría a la Policía a ejecutarlo en el caso de que considere que la acampada representa un problema de seguridad. Por ahora no lo ha ordenado y existen muchas dudas de que intentar despejar la plaza no se convierta en un problema aún mayor y haga que la protesta crezca, como ocurrió durante el 15-M. En el PP de Madrid creen que, por conveniencia política, Sánchez prefiere que continúen ahí al menos hasta el 29 de noviembre, fecha de las elecciones generales. Ayuso ha recibido una respuesta por parte de la Delegación, que le ha pedido que precise “qué riesgos concretos afectan a sus instalaciones y por qué no pueden abordarse mediante actuaciones de limpieza y desinfección compatibles con el mantenimiento total o parcial del servicio”, sobre todo cuando Renfe continúa funcionando. La protesta surgió como respuesta a la crisis de la vivienda. El detonante fue el desahucio de Maricarmen, que murió a las dos semanas de ser expulsada de su vivienda. El Sindicato de Inquilinas organizó la acampada, que pasó de 30 tiendas a más de 1.000 en cuestión de una semana. A los que duermen ahí se les suman por el día otro par de miles más. Comenzó como un movimiento de rechazo a toda la clase política y, de hecho, fue el Gobierno de Sánchez el que tuvo que actuar y aprobar dos decretos urgentes sobre vivienda que le tumbó el Congreso, lo que precipitó la convocatoria de elecciones. Sin embargo, gran parte de la ira de los manifestantes se dirige contra Ayuso, poco antes inmersa en un escándalo inmobiliario. Su Gobierno compró un ático de lujo de 6,3 millones de euros para que ella lo usase como oficina y lugar de alojamiento casual, un privilegio que contrasta con la situación de Maricarmen y otros millones de españoles que sufren en primera persona los problemas de la vivienda. Ese malestar permanece larvado en Sol: para ellos, Ayuso es una de las grandes villanas de la política española. El distanciamiento es mutuo. El Gobierno de Madrid pidió hace 10 días medidas cautelares al TSJM para proceder al desalojo, pero el tribunal las rechazó. Ayuso ha amenazado con llevar el caso al Supremo. Las aglomeraciones a la salida del metro son evidentes. Se mezclan turistas, vecinos, acampados, curiosos y gente que protesta por otras causas y acaba su manifestación en Sol para ganar mayor visibilidad. La policía ha pedido en varias ocasiones a los responsables de Metro que suspendiesen el servicio en la estación por potenciales problemas de seguridad. En general, la protesta ha sido pacífica y los incidentes violentos han sido muy puntuales. Los acampados también se ocupan todos los días de barrer y fregar Sol. Ayuso y sus consejeros argumentan, por contra, que los jóvenes ocupan de manera abusiva el espacio público y vandalizan las estatuas de Carlos III y el Oso y el Madroño, dos emblemas de la ciudad que han aparecido con grafitis. Los vecinos también sufren un trastorno importante al encontrarse ríos de gente al salir por la puerta de su edificio. Al tiempo, los comerciantes sufren pérdidas millonarias en sus negocios, según ellos, y el Gobierno ya estudia la manera de compensarlos. Desde el ejecutivo madrileño han deslizado además que algunos de los organizadores de las protestas son activistas con lazos con algunas organizaciones que han sido declaradas terroristas, en referencia a una ONG propalestina señalada por Israel. Al respecto de la acampada, Ayuso ha dicho hoy: “No habrá paz porque Sánchez ha decidido boicotear Madrid, ha decidido que no haya paz y hacer invisible la vida de la gente. No sabe nadie lo que se está sufriendo en el centro de Madrid, que la gente no vaya a comprar, que no vaya a los restaurantes, todas las calles aledañas y todos los comercios están vacíos porque la gente tiene miedo de ir a comprar con ese ambiente”. Ha detallado los problemas que provocan los acampados, según ella. “Hay peleas, todo el olor que se está empezando ya a contaminar las salidas del Metro, las rendijas de respiración del propio suburbano, tienen dificultad para pasar las ambulancias, agreden a periodistas. Ya es la ley de la selva. Lo que ocurre en Madrid es Pedro Sánchez, que ha decidido que nos va a tener la ciudad reventada, atascada, incómoda porque no soporta que nos vaya bien y porque quiere demostrar la España que nos espera”, ha dicho ante el micrófono. El conflicto entre Sánchez y Ayuso ha ido in crescendo a lo largo de todos estos años, en lo que ha supuesto la principal colisión entre PP y PSOE. Se prevé que escale todavía más a medida que se acerque la votación que decidirá el destino del país. El de Sol es solo otro de sus encontronazos.