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ABC ·

Bowling for Vito Quiles

Resumen

Una colección de vídeos cada vez más bobos y reacciones victimistas tan bobas como aquellos y ataques virulentos de ministros rebajándose y revolcándose son el asfalto de la carrera profesional de Vito Quiles: un tipo demasiado joven, tal vez talentoso para alguna otra cosa, al ... que el personaje de justiciero insoportable ha devorado y al que sus fans hacen más daño que sus enemigos. En su último episodio, Quiles aborda a Begoña Gómez y sus amigas. Se mete en un restaurante donde están las señoras a su bola y a la salida persigue a la mujer del presidente.

Una colección de vídeos cada vez más bobos y reacciones victimistas tan bobas como aquellos y ataques virulentos de ministros rebajándose y revolcándose son el asfalto de la carrera profesional de Vito Quiles: un tipo demasiado joven, tal vez talentoso para alguna otra cosa, al ... que el personaje de justiciero insoportable ha devorado y al que sus fans hacen más daño que sus enemigos. En su último episodio, Quiles aborda a Begoña Gómez y sus amigas. Se mete en un restaurante donde están las señoras a su bola y a la salida persigue a la mujer del presidente. Una de las amigas de Gómez lo insulta y lo agarra por el cuello. Es ridículo de principio a fin y desde cualquier ángulo que se mire. Se ve cómo agarran a Quiles porque es el protagonista de todos sus vídeos.Al sanchismo le viene muy bien un antagonista como Vito Quiles, y mejor servicio le presta al PSOE que al PP, un partido que con sus típicos errores de cálculo entiende que aplaudiendo a Quiles dejará de votar a Vox alguno de sus seguidores. Luego está la profesión periodística negando a Quiles que sea parte.Negarle la categoría de periodista por corporativismo es tan absurdo como ponerse a discutir si Bad Gyal hace música, siendo esa cosa lo que hacía Beethoven. El periodismo ha sido capaz de arrastrar su nombre por las peores ciénagas con espías escondidos en armarios de puticlubs, y enjambres con micrófonos de colorines agobiando la ventana gris de un inocente, y especiales desde Alcácer o desde un pozo, y carreras con tropiezos por el aeropuerto, y el programa de Cintora.A lo mejor Quiles es el periodista típico de este tiempo: ni informa, ni da exclusivas, ni aporta puntos de vista propios, ni busca respuestas a sus preguntas, sino que farda, fabrica viralidad y ofrece servicios. Con cada nueva entrega suya manan dos ríos: sus propios vídeos y tuiteos de Quiles por un lado y, al otro, el mucho más caudaloso reguero de reacciones de sus 'víctimas'. Todos chapotean en el mismo comedero. Nada de lo que hace Quiles es nuevo, pero sí lo es la aleación de elementos, como no era nuevo el hierro, ni el manganeso, ni el níquel, pero sí el acero. En la genealogía de su trabajo encuentro lo peor de cada sitio. Está la insistencia y la horterada de los 'paparazzi' acosadores que persiguieron famosas dos décadas, y la trapacería de los reporteros de la época del diario 'Pueblo' que tan bien retrató Jesús F. Úbeda en su libro ('Nido de piratas'), y el 'show' de 'Caiga quien caiga' pero sin humor, pero sobre todo está la superioridad moral y el protagonismo de otras figuras heroicas a las que nunca he visto que se refieran los detractores de Quiles.Me refiero, principalmente, a Michael Moore. El trabajo de Vito Quiles le debe a ese gordo estadounidense más de lo que parece a primera vista.En 2002, un documental de Moore cosechó un éxito tan inmenso como el de ciertas películas afortunadas de ficción con balas, culos y explosiones. Coleccionó premios internacionales, ganó el Oscar y presentó en escena a ese hombre obeso con gorra en la cabeza. La premisa de 'Bowling for Columbine' era diáfana. En Estados Unidos se producen asesinatos en masa en las escuelas y hay una organización, conectada con empresas armamentísticas y el Partido Republicano, que lucha para que las armas sigan corriendo sin control. Se nos presentaban unas víctimas clarísimas y unos villanos. Moore iba a las escuelas que habían sufrido matanzas horripilantes, ofrecía datos biográficos sobre los asesinos de Columbine (hoy los llamarían 'incel', entonces eran chicos marginados) y charlaba con personajes como Marilyn Manson, acusado por los fanáticos del rifle de ser el verdadero causante de la violencia. Su mensaje era lo bastante simple como para que lo entiendan hasta los americanos: sólo el control de armas puede reducir los asesinatos en escuelas. No le cambio yo una coma, pero justo ahí, en su premisa moral, era donde nacía la verdadera aportación de Moore a las formas del periodismo, porque el protagonista de 'Bowling for Columbine' no era otro que la superioridad moral de Michael Moore. Su corpachón y su cara ocupaban buena parte de la pantalla, de principio a fin. La cámara exhibía a un hombre honesto y tranquilo y bueno con las víctimas, que también sabía ser firme con los malos. La escena culminante de 'Bowling for Columbine' era una cosa repelente. Arrancaba con Moore llamando al telefonillo de Charlton Heston, aquejado de un principio de alzhéimer y todavía presidente de la Asociación Nacional del Rifle. Heston lo recibe en su casa, se sientan y la conversación dura cinco minutos. Moore le enseña su carné de la Asociación, hace unas preguntas de tanteo y rápidamente intenta que Heston se arrepienta públicamente de sus pecados. Entonces, el viejo titubeante se levanta, como mareado, y llega el colofón: Heston se va y Moore lo persigue con la foto de una niña asesinada en un tiroteo. La cámara muestra a Moore con esa foto en el pecho, en lo alto de una escalera, con cara de bueno.Aunque yo era un joven impresionable, recuerdo que esa escena me produjo una súbita repulsión. Estaba de acuerdo con Moore en su denuncia, su documental me había parecido impactante y hábil, pero ese gesto de pornografía moral me frió el cerebro. Al poner a Charlton Heston contra el retrato de una niña asesinada, era como si Moore fuera una roca de virtud, levantada y firme entre los males del mundo.El documental de Moore gustó mucho a quienes consideran que Vito Quiles hace algo muy diferente, pero yo he llegado a la conclusión de que lo que me molesta de ambos es lo mismo. Los reporteros de 'Caiga quien caiga' podían ser tan incordiantes como Quiles, pero al menos estaban intentando hacer reír. La pretensión de Quiles parece más bien exhibirse, como Moore, como la figura heroica que hace justicia con sus reporterismos. No quiere por tanto enseñar el mundo, ni exponer las contradicciones de esos personajes a menudo nefastos a los que molesta, ni informar. Persigue la exhibición vanidosa de su propia virtud, y todo lo demás, incluido este Gobierno que habla de Quiles como si fuera una amenaza para la democracia, no es más que el decorado. Haría bien el PP si tomase distancia con semejante negocio.