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Arteta-Luis Enrique, la otra final española

Resumen

No hacen falta nueve goles para seguir pegados a la pantalla en un Bayern-PSG, segunda parte de una obra maestra de esta Champions entre dos equipos con un denominador común: no tienen depredadores en sus ligas , lo que les permite repartir esfuerzos y llegar a este tramo final en un estado de forma óptimo. En eso aventajan a Liga y Premier, competiciones de más desgaste para los grandes. El partido perdió el punto de locura de la ida, pero fue un gustazo. Y en la final estará el PSG, que a igualdad en ataque ofrece una defensa mejor.

No hacen falta nueve goles para seguir pegados a la pantalla en un Bayern-PSG, segunda parte de una obra maestra de esta Champions entre dos equipos con un denominador común: no tienen depredadores en sus ligas, lo que les permite repartir esfuerzos y llegar a este tramo final en un estado de forma óptimo. En eso aventajan a Liga y Premier, competiciones de más desgaste para los grandes. El partido perdió el punto de locura de la ida, pero fue un gustazo. Y en la final estará el PSG, que a igualdad en ataque ofrece una defensa mejor. Impresiona esa presión que le quita espacio y aire al rival allá donde esté, incluido el campo propio.

Con Luis Enrique el PSG probó el último remedio, inédito hasta entonces: la paciencia. Le concedió poder absoluto y le compró la desgalactización. Más equipo, menos glamour. En tres años fue deshaciéndose de Messi, Neymar, Mbappé, Ramos, Mukiele o Donnarumma, algunos aún en la cima pero con las vitrinas llenas, por otros con el hambre de quien tiene su carrera en blanco: Vitinha, Barcolá, Kang-in Lee, Pacho, Doué, Neves, Kvaratskhelia, Dro… Y recondujo a Dembélé, talentazo de carrera errática ascendido a Balón de Oro desde un simple (o no tanto) cambio de mentalidad y de hábitos dentro y fuera del campo.

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En Múnich, a los dos minutos marcó Dembélé y pareció avecinarse otra tormenta, pero en los partidos de vuelta hay menos tiempo para rectificar y más cautela. A partir de ahí, el PSG evidenció que maneja muchos registros, entre ellos, una magnífica defensa de su área. Fue capaz de aguantar y de contragolpear de forma excelente, especialmente con el fabuloso Kvaratskhelia. De Neuer fueron las mejores paradas. Nuno Mendes salió vivo de su duelo con Olise, en lo que fue un mundial de los pesados, y Kane apareció tarde. Arteta ya conoce el altísimo precio que le pondrá Luis Enrique a esta Champions en una final de dirección española.

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