Messi saca a Argentina otra vez del sarcófago ante las protestas de un valeroso Egipto
ResumenA Argentina no se la puede dar por muerta porque tiene un Dios que la resucita. Messi apareció para sacar a la Albiceleste del sarcófago en el que la había metido Egipto después de ponerle dos clavos. El 10 se sigue echando el equipo a sus espaldas y, con nueve goles en los últimos nueve partidos de la Copa del Mundo (ocho en esta edición), en un estadio que no parecía Atlanta, sino el Coloso del Parque de Rosario, decidió que aún no quería irse tan pronto de este Mundial. Y Argentina creyó en su capacidad de obrar una remontada que los pone en cuartos.
A Argentina no se la puede dar por muerta porque tiene un Dios que la resucita. Messi apareció para sacar a la Albiceleste del sarcófago en el que la había metido Egipto después de ponerle dos clavos. El 10 se sigue echando el equipo a sus espaldas y, con nueve goles en los últimos nueve partidos de la Copa del Mundo (ocho en esta edición), en un estadio que no parecía Atlanta, sino el Coloso del Parque de Rosario, decidió que aún no quería irse tan pronto de este Mundial. Y Argentina creyó en su capacidad de obrar una remontada que los pone en cuartos. [Narración y estadísticas (3-2)] El equipo de Lionel Scaloni sufrió casi tanto como ante Cabo Verde. Se le están atragantando los cruces que, sobre el papel, se dibujaban muy plácidos, al menos hasta semifinales. Les sirvió ir a medio gas recostados en el capitán, y al que se le caían los goles. Incluso, falló un penalti sin que tuviera trascendencia. El vértigo que sufrieron en Miami, aunque aprendieron la lección, no fue suficiente para evitarlo ante un gran Egipto que los fustigó. Cinco minutos le duró a Argentina el mando, a pesar de que Scaloni buscó la presencia en la medular con Leandro Paredes y escoró a Enzo Fernández a la banda, donde irrumpió en el once Nicolás Tagliafico. El lateral del Lyon acabó siendo la única arma ofensiva que blandió el equipo en toda la primera parte. Egipto, con orden y altura de juego, sin encerrarse, esperó a que los argentinos perdieran el primer ímpetu y no tardó en ponerse por delante en el marcador. En el minuto 15, el centrocampista del Al-Ahly Attia, casi desde el pico del área derecha, telegrafió un centro a la cabeza de Yasser, que le había ganado el salto a Lisandro para batir al Dibu Martínez. Otro penalti fallado Un varapalo tremendo para Argentina del que pudo reponerse en pocos minutos, cuando el jugador del Oviedo Hassan derribó a Tagliafico en el área y François Letexier no dudó. Un penalti que iba a patear Messi y en el que nació un héroe para los Faraones. Se encaminó el astro a los 11 metros, colocó la pelota y lanzó a su zona de seguridad, a la izquierda de Shobeir. El lanzamiento cogió portería, no como el de Austria, pero no llevaba ni fuerza ni intención suficiente y el cancerbero lo atrapó sin necesidad de lucimiento. Ya son tres los penaltis fallados de los últimos cinco que ha lanzado y vio cómo perdía el empate antes del descanso. Siguieron volcados los de Scaloni, pero se toparon una y otra vez con Shobeir. Un nombre más que añadir a la lista de porteros que han brillado en este Mundial y el segundo desconocido, tras Vozinha, que les amarga la vida a los campeones del mundo. A bocajarro le sacó a Mac Allister un testarazo tras un balón colgado con precisión por Rodrigo de Paul. Volvió a intentar Messi el rescate a la media hora de juego con una falta lejana a la que le dio tal efecto que se estrelló en el poste. A Argentina le falta mucho. Demasiado para ser bicampeón. Se agarraba al 10, embutiendo el juego por dentro, donde los egipcios se amurallaban y ellos se empeñaban en encontrar grietas con pases en corto en los que se enredaban. No desatascaban con Nahuel Molina y sólo Tagliafico creaba peligro por la orilla izquierda. Él creó la mejor ocasión del partido en un centro al punto de penalti que Julián Álvarez, titular en lugar de Lautaro, engatilló pero, otra vez, salvó el portero de Egipto. La grada podía preguntar por qué no buscar a un agitador como Giuliano Simeone. Yasser Ibrahim conecta el cabezazo que valió el 0-1 para Egipto.AFP Necesitaba remontar Argentina en la segunda mitad pero, lejos de conseguirlo, el marcador se volvió una montaña. Le salvó primero el VAR cuando avisó de que hubo un pisotón de Attia a Lisandro en el inicio de una contra perfecta que comenzó Hassan apoyado en Mo Salah y culminó Zico batiendo al Dibu. Enloquecieron los egipcios con sus protestas, pero Argentina no aprendió. Volvió a recuperar Egipto en su área, comandó el despliegue Salah sorteando tarascadas argentinas para abrir a la banda a Hassan y que apareciera Zico para empujar el centro. Imposible para Argentina responder a ese acelerón. Como creyentes en los dioses del fútbol que le dieron a Maradona y a Messi, no desistieron. Surgió el 10 para poner un centro que cabeceó Cuti Romero en el minuto 79 y, después, para sacar otro que quiso enganchar de chilena Lautaro, tocó en un defensa, le cae a Montiel y la prolonga para que el capitán la mande al fondo de la red. Quedaban siete minutos para evitar la prórroga y llegó en el largo añadido. Y con polémica. Una contra que nace de un robo en área egipcia, con posible falta a Salah, y que Lautaro, la carrera en el costado derecho, acaba poniendo a la cabeza de Enzo Fernández. La locura y la tranquilidad de que aún no se van del campeonato. Sí que lo hace Egipto, que se quejó amargamente. "Nos merecimos la victoria. Aun así, nos marchamos con la cabeza muy alta.No ha habido un juego limpio, no ha habido respeto. Se desestimó un penalti, que debería haber sido revisado por el VAR, el segundo gol fue anulado sorprendentemente, por algún motivo", dijo el entrenador Hossam Hassam. Mostafa Zico fue más tajante: "Esta Copa está dirigida".